Un factor importante del deterioro político del gobierno del presidente Guillermo Lasso fue la emergencia energética que provocó reiterados apagones a nivel nacional; no únicamente por el malestar de la medida, sino, además, por las multimillonarias pérdidas económicas que ocasionó al sector productivo del país, situación que el país no vivía desde la crisis que enfrentó el gobierno de Sixto Durán-Ballén hace mas de 30 años.

Desde esta columna, en su momento, comentamos que era irracional e injusto cargarle a su gobierno toda la responsabilidad de tal situación, pues, la falta de mantenimiento del parque eléctrico del país y la falta de inversión en infraestructura para aumentar y diversificar la generación ha sido una suerte de “política de Estado”, que los últimos gobiernos han seguido, y que lo que en ese momento vivíamos no era otra cosa que el acumulado de desaciertos, inoperancia y negligencia de quienes tenían la obligación de asegurarle al país la infraestructura operativa necesaria para algo tan elemental como la energía eléctrica.

Desde la campaña, el presidente Daniel Noboa hizo énfasis en la necesidad de inversión en nuevos proyectos de infraestructura para el sector eléctrico, pero como dice el refrán, no es lo mismo con guitarra que con violín. Ya sentado en el Palacio fue muy claro al informar que había recibido el país en condiciones muy diferentes a las anunciadas por su predecesor.

No se necesita mucho talento para entender que el déficit de generación eléctrica del país, que es el acumulado de décadas de abandono, desidia, negligencia y corrupción, no se puede solucionar en nueve meses ni en un año ni en dos. Exigir lo contrario al presidente de turno es irracional.

Pero que algunos funcionarios del régimen hayan afirmado públicamente que no existirían cortes de luz y peor aún sentenciar que estos pertenecían al “Viejo Ecuador”, sí constituye un error político y comunicacional, pues, en primer lugar, representaba una apuesta inmanejable, y segundo, como consecuencia de lo primero, una suerte de boomerang que golpearía de regreso si la apuesta no se cumplía.

Por ese motivo, ahora que el Gobierno ha anunciado un gran apagón nacional de ocho horas esta noche y otros la próxima semana, viene a mi memoria aquella célebre frase, atribuida a Aristóteles, de que: “Cada uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”.

Y es que no cabe la menor duda de que, como lo hemos ya expuesto, la actual crisis energética es el acumulado de la inacción y desaciertos de los gobiernos de los últimos 30 años. El problema es haber asegurado que no volvería a ocurrir, o que aquello era propio del “Viejo Ecuador”, y ahora tener que aceptar que seguirá ocurriendo en el actual Gobierno, y que el viejo y nuevo Ecuador es el mismo, al menos en esta materia.

Ojalá los futuros gobiernos tomen el toro por los cuernos y se aseguren que exista la urgente inversión para ampliar la infraestructura de generación eléctrica, y dar el adecuado mantenimiento a la existente, pues un país en tinieblas no puede progresar. (O)