El debate de 1984 entre Rodrigo Borja y León Febres-Cordero, en el que este último pronunciaba la popular frase “La seca, la meca y la tortoleca”, que da inicio a este editorial, se centró en encontrar las soluciones necesarias para que Ecuador pudiera superar la crisis económica profunda derivada de las fallidas políticas económicas y los modelos estatales incoherentes que se implementaron hasta ese momento. Resulta increíble que, a 31 años de esa discusión, el núcleo del problema siga siendo el mismo. León abogaba por un Estado con capacidad productiva, cuyo crecimiento impulsara la industrialización y orientara la balanza comercial hacia la exportación de productos procesados, además de otorgar créditos para viviendas y promover el desarrollo del sector agrícola. Por su parte, Borja defendía la idea de un Estado capaz de generar empleo, reducir la pobreza, equilibrar la relación entre la canasta básica y los ingresos, y disminuir las tensiones sociales, refiriéndose a la notable disparidad entre los salarios de altos ejecutivos y los de trabajadores comunes.

Cuando el futuro sea presente

En el debate presidencial de 2025, los candidatos se centraban en propuestas similares: proponer un país productor, industrializado, con un sector agrícola fortalecido y un Estado con las competencias necesarias para fomentar su desarrollo mediante tratados de libre comercio y herramientas adicionales. A pesar de que después de 31 años los mismos problemas siguen en el centro del debate, hoy se incorporan nuevas cuestiones en la ecuación que el Estado debe resolver, como la creciente inseguridad, lo que evidencia el estancamiento del país en términos de desarrollo y muestra una gestión estatal deficiente en general. Sin embargo, a pesar de la realidad palpable, los candidatos presidenciales se enfocan en temas como la inteligencia artificial (IA) y el manejo de datos a través de plataformas digitales, con la esperanza de crear un Estado más eficiente y digitalizado.

Democracia, ¿medio o fin?

Parece que Ecuador vive realidades paralelas, o al menos esa debe ser la percepción de los aspirantes al Gobierno, cuyas promesas, a menudo inviables, incumplibles e incluso populistas, dan la impresión de que no abordan las verdaderas necesidades del país. En relación con la IA, aunque la implementación de estas tecnologías podría resultar en una reducción de la burocracia, surge la pregunta de si se ha considerado el costo-beneficio de estas medidas, o si realmente contribuirán al producto interno bruto (PIB), la balanza comercial, la industrialización y otros factores clave en los que normalmente se enfocan los esfuerzos para mejorar la ingeniería de datos. Los ecuatorianos debemos exigir una planificación basada en la realidad del país, en promesas que sean cuantificables, alcanzables y que demuestren una tendencia clara en los datos resultantes de metas alcanzadas. Ojalá que los próximos meses sean suficientes para que los candidatos presidenciales comprendan esta realidad y logren trazar un camino hacia un Ecuador que inicie su trayecto hacia el futuro, un futuro al que otros países ya han accedido hace al menos una década. (O)