En su informe de abril sobre la economía mundial, el FMI concluye que al mundo le ha ido menos mal con la pandemia de lo que se anticipaba seis meses atrás. Dos factores incidieron: se desarrollaron vacunas más rápido de lo previsto y las economías se adaptaron a las circunstancias, con el teletrabajo y el distanciamiento social. En 2020, la economía global se contrajo -3,3% (y no -4,4%) y en 2021 habría un rebote de 6,0% (en lugar de solo 5,2%).

El impacto del COVID fue desigual. China, donde se originó, lo controló rápidamente y su economía no se contrajo en 2020. Este año crecerá robustamente. Pekín no alertó oportunamente al resto del mundo sobre el COVID, que se propagó por todo un planeta impreparado. Aún hoy obstaculiza la investigación de la OMS sobre los orígenes del virus.

EE. UU. lidera la recuperación este año con una previsión de 6,4% de crecimiento gracias a la rápida vacunación y del fortísimo estímulo fiscal, que tendría efectos negativos más adelante (inflación), pero que es el precio a pagar por la recuperación.

Para Latinoamérica la pandemia ha sido particularmente nefasta. Ya le iba mal desde que cayeron los precios de los productos primarios. En 2019 tuvo el peor crecimiento mundial, solo 0,2% (África 3,2%); fue la región más golpeada en 2020 con -7,0% (África -1,9%). El resto del globo va a recuperar en 2021 con creces lo perdido en 2020, Latinoamérica en su conjunto recién en 2022.

Paraguay ha sido poco afectado por la pandemia y crecería robustamente este año; Chile, con su exitosa vacunación, recuperaría en 2021 lo perdido en 2020; a los demás países sudamericanos la recuperación les tomaría hasta 2022, con tres excepciones: Ecuador y Argentina, que lo recuperarían de 2023 en adelante, y Venezuela, que sigue yéndose por el caño. En el acumulado de tres años, 2020-2022, Argentina caería -2%, Ecuador -4% y Venezuela -40%. Esta previsión no está tallada en piedra. El crecimiento depende en primer lugar de la evolución del entorno internacional. Se requiere que los países mantengan abiertas sus economías y se recupere el comercio internacional; China restringe las compras de camarón ecuatoriano, cuando éramos su principal proveedor. El retorno a la normalidad, sin distanciamiento social, permitirá la recuperación de las exportaciones de flores.

También depende de las políticas públicas del nuevo gobierno. En primer lugar, la salud: agilidad para conseguir vacunas y capacidad administrativa para organizar una campaña de rápida vacunación, emulando a Chile y superando la inoperancia del MSP. Después, crear el clima para que se reactive la inversión privada, porque el Estado no tiene plata. Se requiere inversión para recuperar las plazas de empleo perdido y rescatar a las familias que la pandemia hundió en la pobreza. La rígida legislación laboral, a lo que se suman las restricciones al trabajo presencial, han motivado a las empresas a volcarse a la automatización y reducir el número de empleados.

Para Ecuador el problema no es solo la pandemia, sino superar la crisis fiscal heredada del correato; Moreno en sus cuatro años solo logró frenar el deterioro. Ayudará la recuperación del precio del petróleo a niveles de 2019. Saldremos de la crisis si el nuevo gobierno nos convoca a arrimar el hombro, y todos contribuimos. (O)