Mucho se ha discutido respecto a la operación de este campo petrolero y su delegación a una compañía extranjera. Tiene más de 50 años, fue desarrollado por Texaco Gulf en la década de los setenta y luego, desde que pasó a manos de Petroecuador en los noventa, su producción comenzó a declinar. El gobierno de Correa le entregó la operación a la estatal venezolana PDVSA; solo perdimos tiempo y renunciamos a buena parte de su rendimiento durante ocho años, sin obtener nada a cambio.
Lenín Moreno intentó encontrar una solución definitiva, convocó un concurso para determinar la mejor oferta y la operación más conveniente; la compañía norteamericana Baker Hughes, de las mejores tecnológicamente, obtuvo las mejores calificaciones, pero por falta de tiempo y dificultades de último momento no se llegó a culminar, la adjudicación se interrumpió.
A fines del año anterior se invitó a determinadas empresas para un nuevo concurso, habiéndose escogido la empresa china Sinopetrol para que se haga cargo de su operación. El proceso estuvo rodeado de suspicacias y una mala comunicación; resultado final, esta negociación se ha vuelto a interrumpir por decisión del presidente Noboa, que exigió el pago del anticipo ofrecido de $ 1.500 millones y este afortunadamente no se dio.
Se han escuchado muchas opiniones, la mayoría coincide con que Petroecuador no es el administrador idóneo, que no tiene los recursos financieros ni tecnológicos para realizar las operaciones de exploración y perforación que esos campos requieren, para recuperar el potencial de producción. Boris Abad, politécnico experto petrolero, opinó que delegar su operación y explotación a una compañía privada era no solo necesario sino conveniente y oportuno, que cualquier decisión era mejor que dejarla en manos de Petroecuador, que ha probado ser incapaz y no tener los recursos o tecnología necesarias para poder hacerlo.
Otro colega, el técnico Raúl Ortiz, opina que está de acuerdo en encontrar un nuevo administrador, pero sugiere que sea mediante un concurso público, una verdadera licitación, un proceso bien estructurado, abierto a todas las compañías interesadas, para tener cómo comparar las mejores condiciones, que se inviten a las mayores empresas, reconocidas y de prestigio, de alta solvencia técnica y financiera del ramo.
Fernando Santos, exministro, también manifestó sus reservas respecto a esta negociación y advirtió reparos, en el sentido de que el Gobierno norteamericano podría poner objeciones a una nueva adjudicación sin que antes se respeten los derechos de la empresa Baker Hughes, que ganó el proceso trunco de 2019. Esta compañía debe ser la primera invitada a concursar otra vez.
Henry Cucalón, parafraseando a Carlos Julio Arosemena dijo recientemente “Petroecuador debe morir para que el Ecuador viva”, recomendación con la que concordamos. Todas las observaciones y sugerencias deben ser tomadas en cuenta. Lo que está muy claro es que Petroecuador debe ser relevado de administrar y explotar estos campos, por la sencilla razón que no puede ni tiene cómo hacerlo bien. (O)