El Libertador. Así llamó Patricio Aguilar al periódico impreso comunitario de circulación semanal que registraba los acontecimientos noticiosos de Quinindé, cantón palmicultor de la provincia de Esmeraldas. En la red social Facebook informaba a diario de hechos de crónica roja y comercio. También hacía labor social. El martes pasado el periodista fue asesinado.
El Libertador fue silenciado. La muerte de su director enluta al periodismo esmeraldeño y nacional. Las redes sociales se han llenado de condolencias en la provincia fronteriza del Ecuador con Colombia, la que fue noticia internacional cuando el 26 de abril de 2018 se conoció del secuestro de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra (comunicadores de El Comercio) y luego se los halló asesinados. Desde Quito ellos habían llegado a hacer reportería en San Lorenzo, donde hubo varios atentados atribuidos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Las circunstancias y responsables del ataque armado a Patricio Aguilar están en investigación. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) condenó este asesinato e instó a las autoridades a investigar el caso de forma expedita y profunda.
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Es obligación del Estado hacer justicia por todas las muertes de inocentes e impedir que el crimen de periodistas se convierta en una amenaza a la libertad de expresión, a las libertades que se promulgaban desde El Libertador, se debe recuperar la paz del Ecuador.
Entre el 2005 y el 2023 hubo trece crímenes de comunicadores, según informes de Fundamedios. En 2022, Mike Cabrera, Gerardo Delgado y Henry Vivanco fueron asesinados. En agosto de 2023 el crimen de Fernando Villavicencio quedó dolorosamente grabado en videos.
La muerte de Patricio Aguilar deja a una familia devastada, un gremio de luto, una provincia impactada. Y a un país que no soporta más la violencia, la impunidad, la amenaza. Periodistas, ingenieros, médicos, todos los ciudadanos honestos merecen la protección estatal. La garantía a la vida es una obligación constitucional. (O)