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Asia crece, Sudamérica no avanza

Quien sacó la cara por nuestro continente –aparte de Ecuador, que venció a Qatar flojísimo– fue Brasil. Bella actuación ante una Serbia que se sentía menos.

Corea del Sur logró empatarle a Uruguay en Qatar 2022. No hubo goles. Foto: Tolga Bozoglu

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El espectacular Metro de Doha llega a los ocho estadios mundialistas. Su nivel de confort, comodidad y modernismo es de asombro. Se construyó para el magno torneo futbolístico, pero ya lo utilizan diariamente 600.000 personas, en especial para ir a sus trabajos. Forma parte del vasto plan de desarrollo nacional de este mínimo territorio que busca convertirse en un polo empresarial y financiero. Todo está calculado. Hasta aumentar la población local. De los 2.650.000 habitantes actuales, menos del 20 % son nacionales. En veinte años el mapa humano cambiará radicalmente, los hijos de los cientos de miles de inmigrantes serán cataríes nativos y los porcentajes se invertirán. Como se han invertido cientos de miles de millones de dólares provenientes de ese mar de petróleo y gas que subyace bajo la arena del desierto. Lo que hasta hace treinta años era un páramo de dunas con tiendas y camellos es ahora un fenomenal centro de oportunidades de negocios y prosperidad. La plata está en la calle, se ve en las autopistas, en los hospitales, en las escuelas, en el parque automotor, en el consumo, en el nivel de vida general. Y en cuarenta años, cuando se agoten los hidrocarburos, será un país muy avanzado que vivirá de sus inversiones.

Japón se inscribe en la nueva era

“Venimos acá porque hay mucho dinero y empleo”, nos dice Anuar, paquistaní, chofer de Uber. Hay más de dos millones de extranjeros provenientes de India, Bangladesh, Nepal, Kenia, Sudán, Filipinas, Túnez, Argelia y, en general, África y Asia. Había alta escasez de profesionales, pero han traído arquitectos, ingenieros, médicos, y crearon cantidad de universidades. En una generación, habrá miles de profesionales. Y serán cataríes puros. Bolivia tiene un nuevo tesoro: el litio. Ojalá su extracción y producción se vuelque en mejorar la calidad de vida de su gente. ¿Lo harán…?

Es verdad que recién terminó la primera fecha de la fase de grupos y es aventurado pronosticar o sacar conclusiones. Sin embargo, el comentario de los periodistas en general pasa por el despertar futbolístico de Asia. Por primera vez ubicó seis selecciones en el Mundial. Sudamérica, que siempre tuvo más representantes, esta vez quedó en cuatro porque Perú cayó frente a Australia. Ya en la participación hay una diferencia importante. Luego llegaron, los inesperados triunfos de Arabia Saudita y Japón nada menos que sobre Argentina y Alemania. Y el empate de Corea frente a Uruguay. Con un agregado inquietante: la totalidad del plantel saudita juega en su liga local. No tiene jugadores en Europa. Y con eso venció incuestionablemente a Argentina, cinco veces finalista del mundo. Nunca nos creímos eso del favoritismo argentino (está escrito), pero de todos modos confiábamos en una actuación importante, nos ilusionaba pensar que Argentina y Brasil redimirían al alicaído fútbol sudamericano. Ahora la esperanza va toda en la mochila brasileña.

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El Titanic argentino

Uruguay quedó en deuda de juego. Un equipo gris, frente a una Corea a la que siempre se consideraba menor para los sudamericanos. Ya no. Mucho futbolista en Europa, pero poco lucimiento individual y colectivo.

Japón no solo dio la nota venciendo a Alemania, además le dio vuelta el marcador. No recordamos partidos en los que fueran ganando los alemanes y los rivales tuviesen el temple para mandarlos a la lona. Habla no solo de buen juego, también de temperamento y personalidad. La misma que mostraron los muchachos de Arabia Saudita para voltearle el partido a los Messi Boys.

Con una pirueta, Richarlison marcó en el triunfo por 2-0 de Brasil ante Serbia. Foto: LAURENT GILLIERON

Quien sacó la cara por nuestro continente (aparte de Ecuador, que venció a Qatar flojísimo), fue Brasil. Bella actuación ante un rival que se sintió menos ya en el vestuario. Desde el primer minuto se atrincheró y le dio toda la iniciativa, el campo y la pelota a Brasil. Una estrategia que casi nunca da resultado. Equipo que se mete abajo del arco, pierde. Más ante la Verdeamarilla, que te machaca sin piedad. Y con recursos. Desbordes por fuera, paredes por dentro, hasta que pase una, hasta que la bola entre una vez. Y entró dos, ambas por Richarlison, un leopardo siempre listo para devorar. Gustó Brasil. Difícil jugar ante un equipo tan ultradefensivo y encontrar espacios, huecos por donde penetrar. Pero se sabía que ganaría, era cuestión de ser pacientes y seguir intentando. Y lo hizo. El partido se jugó en los últimos 25 metros de campo de Serbia, una Serbia muy pobre de espíritu que aguantó revoleándola a cualquier parte durante 62 minutos el cero. Bastante.

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Excelente Richarlison, mariscal Casemiro, bien Raphina, importante Paquetá, poco trascendente Neymar, aparatoso Vinicius, ofensivo Alex Sandro… Muy buen Brasil. El fútbol actual muestra una clarísima tendencia ofensiva. Todos se encolumnan detrás de tres consignas: intensidad, posesión y ataque. A eso juegan España, Inglaterra, Brasil… Y aunque parezca loco, agregamos a Canadá. Es la hora de los Luis Enrique. Los técnicos que se abroquelan o que piensan defensivamente se quedaron en el tiempo.

Debut triunfal ante los ojos del mundo

La estrepitosa caída ante Arabia Saudita derrumbó a Argentina en las apuestas. En todas las casas de Europa, la Albiceleste estaba segunda pagando 6,50 euros. Ahora está séptima y devuelve 10. Brasil era el favorito pagando 6,50, pero tras el triunfo sobre Serbia su dividendo es de 3,30. Y España, que no figuraba para nada, tras su 7 a 0 se coloca cuarta detrás de Brasil, Francia e Inglaterra.

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Las que no despegan son las selecciones africanas. Perdieron Senegal, Marruecos, Camerún y Ghana. Apenas empató Túnez. Un punto de quince. Hace treinta años se viene proclamando el surgimiento del fútbol de África, que siempre queda en lo mismo. No por mala materia prima, porque luego van a Europa y tienen éxito, o los nacionalizan las selecciones multiculturales (Francia, Suiza, etcétera) y les va bien. Suiza le ganó a Camerún 1 a 0 con gol de Embolo, delantero nacido en Camerún, criado en Francia y Suiza por motivos de inmigración. Como él, hay cientos con historias similares. De modo que el estancamiento permanente de África es por motivos organizacionales, no futbolísticos. Y conste que tienen el mejor biotipo físico en un momento en que la incidencia de ese rubro es muy gravitante.

Un rumor desilusionante que llega del campamento argentino: Messi, que volvió a entrenarse diferenciado de sus compañeros, no está bien físicamente. Ya llegó mal a Qatar y se le agravó un dolor en el aductor. “Está físicamente en cuatro puntos”, aunque va a jugar igual, dicen en su entorno. Una pena, pensábamos que podía hacer un buen Mundial. (O)

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