Para los enemigos de la historia, es un dato sin importancia, pero para quienes vivimos hace 60 años la emoción de ver en el estadio Modelo a Real Madrid y sus estrellas, todas las incidencias del memorable encuentro con Barcelona vive la suerte de lo que no se olvidará jamás. En los añejos tiempos del viejo estadio Capwell y del Modelo los guayaquileños nos acostumbramos a ver grandes equipos y extraordinarios jugadores: Fluminense, de Didí; Bangú, de Zizinho; Santos, de Pelé; Palmeiras, de Julinho; Botafogo, de Garrincha y Nilton Santos; Millonarios, de Pedernera, Néstor Rossi y Di Stéfano; el Barcelona de Kubala y Sandor Kocsis; Peñarol, de Spencer; el Milán de Trappatoni; Corinthians de Dino Sani y Rivelino; Benfica, de Eusebio; Borussia de Berti Vogts (Jorge Bolaños lo bailó y su respuesta fue agredirlo para irse expulsado); Dinamo de Moscú, con Lev Yashin, el mejor arquero del mundo, y así podríamos llenar esta columna con solo nombrar a quienes asombraron al mundo.

En julio de 1959 se hablaba de la inauguración del estadio Modelo Guayaquil (hoy Alberto Spencer). Se prometía una jornada fastuosa cuando empezó a rondar el nombre del entonces equipo más famoso del mundo: el Real Madrid. La alta cotización impidió que participara en la apertura del escenario y la Federación Deportiva del Guayas optó por un cuadrangular con Peñarol de Uruguay, Huracán de Argentina, Barcelona y Emelec.

La idea de traer a Guayaquil al Madrid quedó rondando en el espíritu de ese gran dirigente y promotor que fue Gustavo Mateus Ayluardo. En julio de 1961 se supo que, terminado el torneo liguero español, el Real iba a emprender una gira por Sudamérica. Los contactos de Mateus permitieron asegurar el compromiso de celebrar un partido amistoso en el Modelo con presencia de los merengues en Guayaquil.

El equipo español traía en su palmarés cinco títulos de la Copa de Europa (hoy Champions League) consecutivos entre 1955 y 1960; una Copa Intercontinental; diez Copas del Generalísimo (llamada así de 1939 a 1976, luego Copa del Rey) y siete títulos de liga. Su plantilla era deslumbrante: los españoles Casado, Marquitos, Pachín, Luis del Sol y el inmenso Paco Gento. Con ellos los argentinos Rogelio Domínguez, Héctor Rial y Alfredo Di Stéfano, entre los mejores futbolistas de la historia; el uruguayo José Santamaría, el brasileño Darcy Silveira dos Santos (Canario), el sueco Agne Simonsson, subcampeón mundial en 1958, y el formidable astro húngaro Ferenc Puskas.

Para aquellos que se empeñan en desacreditar el fútbol que no vieron les contaremos que Di Stéfano fue estrella en la selección argentina, en Millonarios y Real Madrid. En su carrera de 20 años marcó 521 goles, 308 de ellos con la divisa blanca en 396 partidos. Puskas fue elegido por la FIFA el mejor goleador del siglo XX. Entre 1943 y 1966 con el Honved, la selección de su país y el Real Madrid anotó 625 tantos en 631 partidos, para un promedio de 0,99. ¿Habrá hoy o mañana un jugador con tan prodigiosa efectividad? Gento es considerado el mejor alero zurdo de la historia del balompié español y recordado como uno de los jugadores más verticales y veloces de su época.

La crónica de la visita del Real Madrid en Guayaquil, en EL UNIVERSO. Foto: Archivo

Real Madrid fue elegido por la FIFA en diciembre del 2000 Mejor equipo del siglo XX, en gran parte por su campaña europea entre 1955 y 1960. Ese día el prestigioso diario español El País comentó así la designación: “La apuesta más luminosa de Santiago Bernabéu fue fichar a Di Stéfano del Millonarios de Bogotá, por 50.000 dólares de entonces. El Barcelona había cerrado su contratación con el River Plate, su club de origen, pero el trabajo del tesorero, Raimundo Saporta, previa mediación de la federación, dio con el astro en Madrid. Seis meses después, el delantero argentino marcaba cuatro goles al Barça en una victoria local. Así comenzó la carrera más laureada de la historia de un club de fútbol. Junto con Di Stéfano se formó un equipo de demolición: el argentino Héctor Rial, el extremo zurdo Francisco Gento, el volante Miguel Muñoz, el delantero bético Luis del Sol, el extremo francés Raymond Kopa, Didí y el gran Ferenc Puskas. Se incorporaron al tren de los triunfos, hasta culminar, en 1960, con una goleada histórica: 7-3 al Eintracht de Fránkfor en la final de la quinta Copa de Europa consecutiva. Los aficionados que presenciaron ese partido, en el Hampden Park de Glasgow, vieron algo grandioso. El nacimiento de un mito de dimensiones todavía desconocidas. Ayer en Roma se dejó constancia de que la historia del Real Madrid es la del mejor club del siglo XX”.

A ese plantel de estrellas lo tuvimos en el Modelo el 13 de agosto de 1961. Su rival fue Barcelona, campeón nacional de 1960, que cumplió con gran dignidad. Tal vez fue el mayor lleno de la historia del estadio. El entusiasmo fue desbordante. Los que participamos como espectadores aquel día recordamos que al llegar a las inmediaciones del escenario nos abordaban los revendedores ofreciendo boletos al mismo precio “y sin hacer cola”, como pregonaban. Mientras más cerca estábamos las entradas bajaban de precio y ya al pie del estadio valían 1 o 2 sucres cuando el precio de la General era de 20 sucres y la tribuna 50. ¿Qué sucedió? Misterio. Se dijo que unos especuladores ligados al contrabando habían falsificado el boletaje.

Los visitantes alinearon a Domínguez; Isidro, Santamaría, Casado; Pachín (Ruiz), Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano (Simonsson), Puskas, Gento. Por Barcelona, Pablo Ansaldo; Ubaldo Herrera, Vicente Lecaro, Luciano Macías; José Merizalde, Mario Zambrano; Rigoberto Corbatta Aguirre (Pedro Gando), Alejo Calderón (Enrique Cantos); Mario Cordero (Horacio Tanque Romero), Clímaco Cañarte (Jaime Servigón), Roberto Navas (Carlos Titán Altamirano). ‘Real Madrid mostró su extraordinaria calidad’, tituló Diario EL UNIVERSO el lunes 14 de agosto de 1961. Y agregó: “Barcelona exhibió voluntad, pero fue superado en físico y calidad. El equipo derrochó enorme dosis de coraje como lo ha hecho siempre que ha enfrentado a rivales de jerarquía como el cotizado elenco español”.

Está en mi memoria intacta la figura del babahoyense Herrera que neutralizó las veloces incursiones de Gento; a Lecaro, batiéndose como un león ante Di Stéfano; y a Macías, parando las incursiones de Canario.

Los madrileños ganaron 3-1, goles de Puskas, Canario y Di Stéfano, con descuento de Romero. Nos dura el orgullo de haber visto al mejor equipo del mundo en aquella época y en todo el siglo XX. Un orgullo que se agiganta hoy que ya no vienen clubes como los que hemos mencionado al principio y debemos contentarnos con ver al Sipesa, General Díaz o a un devaluado Fluminense, que nada tiene que ver con el que encabezaba el genial Didí. (O)