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El rey de la ironía

¡Qué talento...! Aldo Proietto fue un periodista excepcional, ingenioso, mordaz, con un fantástico sentido del humor, que desdramatizaba todo.

Aldo Proietto se destacó por década en latinoamérica por su punzantes comentarios en la prensa y televisión. Foto: Captura de imagen de Fox Sports

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Argentina nunca había perdido en casa un partido de eliminatorias y, de pronto, se vino el techo abajo: el 5 de septiembre de 1993 Colombia lo aplastó 5 a 0 en el Monumental, con un toqueteo final humillante a cargo del maestro Carlos Valderrama. Una catástrofe futbolística que hacía peligrar seriamente la clasificación al Mundial. Toda la redacción de El Gráfico volvió del estadio masticando broncas e ideas para la edición. No era una derrota cualquiera. Ya en la revista, alguien alcanzó una gran foto de varios jugadores argentinos retirándose del campo con la cabeza gacha. Aldo se opuso: “No, hay que hacer algo distinto, este es un palo histórico”. Y se le ocurrió la célebre tapa toda negra: arriba, un cintillo con el resultado: Argentina 0 - Colombia 5, y en el centro un escueto título a tamaño gigante: ¡VERGÜENZA!

¡Detengan el tiempo...!

Esa portada entró en la leyenda, en Colombia centenares de personas la atesoran, incluso tiene alto valor como objeto de colección. Aldo Proietto era el director de El Gráfico, un grosso, uno de esos que nacen para esta profesión, que te los entregan en una cajita que dice “PERIODISTA”. A los 22 años ya era jefe de Deportes de Crónica, un diario inundado de figuras. Luego dirigió varios medios, entre ellos las revistas Goles y El Gráfico. ¡Qué talento...! El rey de la ironía. Un periodista excepcional, ingenioso, mordaz, con un fantástico sentido del humor. Desdramatizaba todo.

Estupiñán y diez más

Este cronista fue enviado especial a Río de Janeiro para el partido Brasil 1 - Chile 0, cuando se registró el célebre suceso de la bengala protagonizado por el notable arquero chileno Roberto Rojas. Chile necesitaba sí o sí ganarle a Brasil para clasificar al Mundial de Italia 90 y no tenía poderío para hacerlo; Rojas pergeñó entonces una estafa grande como el Maracaná. Ya que en Santiago le habían prodigado todo tipo de agresiones a Brasil, se esperaba que en Río se las devolvieran. Finalmente, no fue así, pero Rojas confiaba en que un piedrazo, habría un incidente, algo. “Dije: a la primera que pase, me tiro y me corto”, confesó después. Y se dio. Cayó una bengala cerca de su ubicación. No era una bengala marina de esas que surcan el aire a velocidad sino un inofensivo haz de luz sin ninguna fuerza, que fue descendiendo lentamente a medida que se consumía. Casi se posó en el césped. Pero el Cóndor (así le decían al uno) aprovechó que la pelota, y por ende las miradas, estaban en otro sector del rectángulo, se arrojó al piso y se cortó con una Gillette que llevaba en el guante y que había preparado minuciosamente. Se desató un escándalo descomunal y el equipo chileno tomó la drástica decisión de retirarse del campo.

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La mejor medicina del mundo es ganar

Tras la herida cortante que mostraba Rojas en su frente y que manaba abundante sangre, más el inmediato retiro del once chileno, el árbitro Juan Carlos Loustau no tuvo otra que decidir la suspensión del encuentro porque Chile se negó a continuar jugando. Iban 69 minutos. Tan convenida estaba esa retirada que no quisieron esperar la camilla: entre varios compañeros se llevaron a Rojas cargándolo de las piernas y los brazos. La consigna era irse o irse.

El Gráfico fue el único medio del mundo que aseguró que el arquero Rojas había fingido la lesión y que todo era un grandioso engaño. ‘Una farsa que ensucia al fútbol’, titulé. No fue fácil escribir esa crónica con el universo entero convencido de lo contrario. Era como ver un ovni estando solo y luego pretender contarlo. Apenas decretada la suspensión, recurrí a un teléfono en la sala de prensa y llamé a la redacción, a Buenos Aires.

-Urgente, con Proietto-.

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-Ya te paso…

-Hola, Jorge…

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-Hola, Aldo, le hablo desde Maracaná, acá pasó algo grave y el partido se suspendió.

-Sí, ya sé, casi matan al arquero con una bengala.

-No, ni lo tocaron, eso le quería decir…

-¿Cómo que ni lo tocaron…?- Sube el tono. -Casi lo matan, lo estábamos viendo por televisión.

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-No, Rojas simuló, lo vi clarito.

-¿Pero qué estás diciendo… si toda la prensa mundial asegura que lo hirieron y le van a quitar los puntos a Brasil…?

-No fue así, la bengala era inofensiva, él la vio caer detrás suyo y se tiró. Por qué le salía sangre no lo sé, pero no tenía nada cuando se arrojó sobre la bengala. Quería decirle que voy a escribir eso.

-¿¿¿¿¿Quééééé…????? ¿Vos estás loco…? ¿Cómo El Gráfico va a decir eso…? Acá vimos cien veces las imágenes y se ve al tipo herido por la bengala…

-Aldo, tengo la seguridad total, lo estaba viendo, me distraje del juego justamente por la bengala, me quedé mirándola y vi cuando Rojas, en actitud muy dolosa, se zambulló sobre la bengala, que era un simple haz de luz, nada peligroso.

-No te juegues, en todo caso poné que abrigás algunas dudas…

-No abrigo ninguna duda, nunca estuve tan seguro de algo, quiero escribir lo que vi.

-Vamos a cometer un error histórico.

-Quédese tranquilo, sé lo que le digo, Rojas es un farsante. Además, ¿para qué vine a ver el partido entonces…?

-Ah, claro, el señor es el enviado especial…- (Lo dijo en ese tono irónico medio en serio y medio en broma que era su característica, Proietto era un sujeto muy gracioso).

-No es porque sea el enviado especial, sino porque lo vi. Me voy al hotel y en dos horas mando la nota.

Existe una tradición en periodismo que en El Gráfico se cumplía: la palabra del enviado de la revista era siempre sacrosanta, aun en el disenso. Pero respetaron a rajatabla mi opinión, que, si estaba equivocada, ponía en juego seriamente el prestigio de la revista. Así se publicó y me sentí reconfortado, aunque a mi retorno percibí que no me creían del todo y que sospechaban que la publicación había cometido un terrible error por mi culpa. Hoy los entiendo perfectamente: era un enorme riesgo; ningún otro medio del mundo osaba decir que hubiera habido simulacro del arquero. Ni siquiera deslizarlo. Y de la forma en que titulé y escribí, no había posibilidad de retorno. Si FIFA daba la razón a Rojas, las consecuencias periodísticas y legales para El Gráfico podrían haber sido graves. Proietto se jugó y respaldó. No me tocaron una coma del artículo.

Él no tuvo la misma suerte. De joven sufrió en propia piel que le cambiaran una nota. Fue en 1967, mientras surgía como un periodista de clase en el popular diario Crónica. Lo contaba:

-Yo recién empezaba en Crónica, donde aprendí todo lo bueno y todo lo malo del periodismo. Me tocó vivir esa experiencia, es muy feo, pero con el tiempo lo asimilé. Tenía 21 años y me enviaron a Montevideo a cubrir la final de la Copa Intercontinental entre Racing y el Celtic. Escribí mi comentario y puse lo que pasó, que Racing reventó a patadas al Celtic. Al volver a Buenos Aires, lo primero que hice fue comprar el diario para ver cómo había quedado mi comentario. No era el mío, era otro. Una rabia tremenda. Cuando llegué a la redacción pregunté quién lo había cambiado y me dijeron “Américo Barrios”. Era el director del diario y una figura enorme del periodismo y las letras, gran escritor. Y era hincha confeso de Racing. Claro, por eso lo cambió, pensé. Luego me llamó y me explicó muy tranquilamente: “Pibe, a un campeón no se lo discute, se lo aprueba”. Yo refunfuñé un poco y me agregó: “Vos sos muy chico para entender”.

Proietto falleció en Buenos Aires el martes a los 78 años. Aldo querido.... (O)

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