El 29 de julio de 1981, los ojos del mundo entero estaban puestos en la catedral de San Pablo de Londres. Todos esperaban la llegada de esa jovencita aristócrata que en los últimos meses había copado las portadas de revistas, periódicos, así como largos espacios en la televisión y radio que escrudiñaban hasta los más mínimos detalles de la tercera hija de John Spencer, VIII conde de Spencer.

Lady Diana llegó a la iglesia a bordo de una tradicional carroza; allí la esperaban su prometido Carlos, príncipe de Gales; la reina Isabel II; el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y el resto de toda la crema y nata de la realeza, el clero y la aristocracia británica. También, en algún lugar de la catedral, estaba Camilla Parker Bowles, la eterna amante de Carlos, hoy su esposa.

Para el público todo parecía un cuento de hadas (aunque Lady Di realmente estaba empezando a vivir una pesadilla). Con el matrimonio dejó de utilizar el tratamiento de lady -que lo llevaba al ser su padre un conde. Desde entonces su tratamiento oficial, de acuerdo con el protocolo real, fue Su Alteza Real la princesa de Gales, condesa de Chester, duquesa de Cornualles, duquesa de Rothesay, condesa de Carrick, baronesa de Renfrew, señora de las Islas, princesa de Escocia.

Diana lucía un diseño de Elizabeth y David Emanuel, de corpiño ajustado, cuello de corte redondo, mangas abullonadas adornadas con lazos y volantes de tafetán, y falda acampanada. El vestido se confeccionó con tafetán de seda y encaje, además se decoró con bordados a mano, lentejuelas y 10.000 perlas, que se disponían en forma de corazón.

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También se incluyó cola de más de siete metros de largo. Además, Lady Di eligió un calzado de tacón bajo con 540 lentejuelas y un adorno con forma de corazón que se confeccionó con 130 perlas. En el arco de los tacones se pintaron a mano las iniciales ‘C’ y ‘D’.

Así también, la princesa llevó -además de su famoso anillo de compromiso de zafiro- una tiara de la familia Spencer, elaborada en oro, plata y diamantes con detalles florales y un corazón central; y unos pendientes de diamantes de su madre, Frances Roche. En tanto que el ramo en forma de cascada tenía fresias, gardenias, lirios, rosas y orquídeas.

El vestido de novia de Diana, princesa de Gales, se exhibe en una exposición titulada 'Royal Style in the Making' en el Palacio de Kensington. Foto: AFP

El matrimonio le dio a la princesa acceso ilimitado a la colección del tesoro de Isabel II, de la que se servía con frecuencia. La tiara Cambridge Lover’s Knot era una de estas joyas, usada con regularidad por Ladi Di, hoy está en poder de Catalina, duquesa de Cambridge.

Diana también amasó una colección de joyas propia importante, entre regalos y piezas que ella misma compró. Pero además de esto, y mucho más importante, fue la intensa agenda real que tuvo durante su paso por la familia real; y -sobre todo- el patrocinio en más de un centenar de causas a las que prestaba su nombre y su activismo como princesa.

Princesa incluso tras el fin del matrimonio

Cuando Lady Di firmó el divorcio, en 1996, muchas cosas cambiaron, aunque para entonces ya era un ícono de la filantropía y abanderada de las causas sociales. No obstante, ante su incapacidad para solventar a todos, solo retuvo seis patronazgos de ayuda social; además, perdió el tratamiento de alteza real y sus títulos nobiliarios salvo por uno.

Isabel II decidió que Diana conserve su título de princesa de Gales. Incluso, pese a que el tratamiento quedó vacante tras el fallecimiento de Lady Di en 1997, la reina no accedió a otorgárselo en 2005 a Camilla Parker Bowles, cuando se casó con Carlos, por respeto a la memoria de la primera esposa de su hijo y madre de Guillermo y Enrique.

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El texto oficial distribuido por el palacio de Buckingham indicaba que Diana de Gales perdería el tratamiento de alteza real pero “será contemplada como un miembro de la Familia Real por lo que, de vez en cuando, y como en el caso de otros miembros, recibirá invitaciones de la propia soberana o del Gobierno. En estas ocasiones, la princesa recibirá el tratamiento del que ha disfrutado hasta el presente”.

Diana logró la custodia compartida de sus hijos y recibió la suma de 17 millones de libras (el equivalente a más de 30 millones de libras en la actualidad o 41 millones de dólares). Esta fortuna quedó como herencia para Guillermo y Enrique.

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Así también, la corona le otorgaría anualmente 400.000 libras para gastos de su oficina personal. Incluso la reina le permitió a la princesa -salvo excepciones, como la Cambridge Lover’s Knot que tuvo que devolver- conservar las joyas que había acumulado durante el tiempo que estuvo casada con el príncipe Carlos, entre ellas el famoso anillo de compromiso de zafiro.

Casi 24 años después de su fallecimiento en un accidente de tráfico en París, la figura de Diana de Gales y lo que representa para muchas personas sigue siendo inmortal. Su carisma, simpatía, empatía y naturalidad hicieron que destacase en una institución rígida y protocolaria y que se ganase el apelativo de "princesa del pueblo". El día 1 de julio habría cumplido 60 años. Foto: EFE

Además, Lady Di mantuvo su residencia en el Palacio de Kensington, pudo conservar a parte del staff de la casa real, entre ellos un cocinero, una ama de llaves y su amigo y mayordomo Paul Burrel. Aunque declinó seguir teniendo seguridad como los demás miembros de la familia real.

En su tiempo se especuló que Diana podría perder muchos de los beneficios adquiridos con la firma del divorcio si se volvía a casar. Eso nunca pasó, pues sus días terminaron el 31 de agosto de 1997; para entonces más bien el primer ministro británico, Tony Blair, le otorgó otro título -en este caso ficticio- a manera de homenaje, al calificarla como la ‘princesa del pueblo’. (I)