Guayaquil muestra cada semana más personas en condición de mendicidad, que duermen en las aceras o bajo los puentes. No obstante, hay personas de buen corazón que cuidan de ellos porque al saber que su hogar es la calle comprenden que su vida es dura.

La iglesia San Agustín lleva nueve años donando comida a las personas que viven en las calles. Largas filas se evidencian en los exteriores del templo, a las 17:00, hora en que empieza el reparto.

El padre Wilson Malavé, párroco de San Agustín, afirma que “uno de los carismas es vivir en comunidad, o sea, acoger a todos, a ricos, pobres, cholos, indigentes, y esa es nuestra función como sacerdote, servir al pueblo de Dios. Decidimos hacer un fin común de dar alimentación a los indigentes”.

Al inicio no fue nada fácil para la iglesia porque tuvieron que prestar sillas, ollas, cucharas, platos, mesas, cilindros de gas. Actualmente, gracias a las donaciones de las personas de buena voluntad, tienen la cocina con todos los implementos.

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“En la pandemia dábamos comida a 650 indigentes y los fines de semana a 1.100. El fin es que no solamente reciban la tarrina sino para que ellos se sientan bien. Y a la misa de las 11:00 entran todos a la iglesia. Yo quería que se sintieran a gusto y no se sientan indigentes porque son seres humanos que necesitan apoyo de todos”, refiere el sacerdote.

Actualmente ofrecen alimentos a 550 personas vulnerables. Para Wilson Malavé lo importante es ayudar. Además de auxiliar a los indigentes, también apoya a ancianos, ciegos, no oyentes, drogadictos, alcohólicos, venezolanos, colombianos.

La expectativa del padre, para el próximo año, es que cada casa de padres agustinos replique esta labor. En Chone (Manabí) han alimentado a 150 personas pobres.

Los fieles acuden a la iglesia y dan sus ofrendas para comprar lo que se necesita. “Tenemos la misericordia de Dios y él nos sabe dar, así nos hemos mantenido durante nueve años y el fondo se lo utiliza para todos lados”, explica el padre.

Además, en sitios de la ciudad, la primera semana de cada mes reciben ayuda, como en el Guasmo, Martha de Roldós, Junta de Beneficencia, y otros. “Para realizar toda esta labor hay que rezar en unión diaria y así vienen los frutos”, agrega Malavé, quien el pasado 25 de julio recibió la condecoración Héroes de la Ciudad de parte del Municipio de Guayaquil.

Eugenio Gómez comenta que para el pan y café sí tiene, pero para otras cosas no. Él cuenta que debe salir a las calles a buscar los alimentos a la iglesia. “Yo voy porque nos hablan de la palabra de Dios y es malo juzgar porque todos son hermanos en este mundo. También en la plaza San Francisco van a darnos una tarrina de comida”, afirma.

José Manuel Zamora comenta que de lunes a viernes va a retirar su comida a la iglesia San Agustín cuando termina su labor en la calle Colón recogiendo cartones, o a veces su jefe le da el almuerzo.

“Gracias a la iglesia por brindarnos este plato de comida que nos beneficia a todos los pobres. Yo vendo caramelos en la Bahía, en algunas ocasiones no se hace nada de dinero”, manifiesta Carlos Piza, quien lleva a su novia no vidente a retirar su plato de comida. (I)