Cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de comida, una gran pérdida de recursos, no solo en el producto final, sino en todo lo que significó cultivar, procesar, empacar, transportar y vender.

El Fondo Mundial para la Naturaleza anima a los padres y a los maestros a enseñar a sus niños por qué el desperdicio de comida importa y lo que pueden hacer para reducirlo. En primer lugar, se explica, hay que dar información de acuerdo con la edad del niño, gradualmente:

1. Para niños pequeños: “Mira cómo un poquito de sobras produce un montón de basura, cuando se juntan los desperdicios de todo un barrio, comunidad o ciudad”.

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2. Para niños escolares menores: enseñe cómo el desperdicio de comida hace daño al mundo, sus efectos.

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3. Para escolares mayores; “¿sabes cuánta comida se desperdicia cada año?”.

4. Para adolescentes: ellos pueden asumir responsabilidades. Equípelos para luchar activamente contra el desperdicio de comida.

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Producimos más que suficiente comida para todos en el planeta, es el punto de vista de WWF, pero millones de acres de praderas y pastos en la tierra se destinan a la agricultura, y no vuelven a ser los mismos. Tener suficiente comida, pero limitar nuestro impacto en el ambiente es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo.

Por eso una estrategia alimentaria efectiva debe incluir el tema de cómo tratamos los desperdicios y qué consideramos como basura. Los humanos en todo el planeta desperdiciamos el 40 % de toda la comida que producimos, es la cifra que maneja la WWF. Otro dato interesante: solo con lo que se pierde en las granjas, antes de llegar a mediadores o consumidores finales, podría alimentar cuatro veces a la población desnutrida en el mundo.

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Además, los desperdicios de comida representan el 10 % de las emisiones globales de gases de invernadero (más que la industria de líneas aéreas) y tiene mucho peso en la pérdida de terreno boscoso o de pasto y otros hábitats esenciales para la vida silvestre. También amenazan nuestros suministros de agua.

Información para compartir con los niños sobre la fuga de alimentos

Empiece por explicar a los niños cómo este problema de desperdicios impacta en el agua. Cada criatura viva depende de que haya agua segura y abundante para sobrevivir. Pero cada año más de 66 billones de galones de agua se destinan a producir comida que se pierde o se va a la basura. Podemos cambiar esto al producir y comer solo lo que necesitamos.

Criar ganado también ocupa terrenos y agua en muchos de los ecosistemas más sensibles en el mundo, en todos los continentes. Aun así, 20 % de estos productos se desechan, lo que significa que una quinta parte del agua y la tierra se emplearon por nada.

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Las frutas y vegetales son grandes fuentes de nutrición, pero están entre los alimentos que más enviamos al tacho. Casi el 45 % de frutas, vegetales, raíces y tubérculos no se consumen, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Para ilustrar a los niños: es el equivalente de 3,7 billones de manzanas y mil millones de bolsas de papas.

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Al construir un sistema de alimentación eficiente que reduzca el desperdicio podemos ayudar a preservar la tierra, el agua y la energía de la que todos dependemos, humanos, animales, plantas y otros seres vivos. El total del área de tierra de granjas que se mal utiliza para producir comida que termina en la basura es más grande que el subcontinente indio (revisen un mapa).

En el mundo, la gente está enfrentando climas cada vez más extremos ligados al cambio climático, y el desperdicio de comida contribuye grandemente a esta amenaza. La comida que llega a los vertederos o depósitos de basura produce metano, un gas de invernadero que impacta en el clima. Cada año, la comida desechada emite más de 3.000 millones de toneladas de estos gases.

Una cadena de distribución eficiente y funcional que traiga la comida de las granjas a las casas es necesaria. Pero los alimentos se pierden en cada eslabón de esa cadena. En Estados Unidos, alrededor del 28 % del desperdicio sucede en negocios minoristas, como tiendas y restaurantes, mientras que un escandaloso 37 % ocurre en los hogares.

La comida reúne a la familia y a los amigos en todas partes del globo, es una experiencia social y humana. Necesitamos pensar, sin embargo, cómo nuestras costumbres al comer en restaurantes grandes y pequeños o en casa están considerando el ambiente. En casa, con sus hijos, la próxima vez que tengan una fiesta, hagan esta auditoría familiar: ¿cuánto desperdicio generó esta reunión?

Rectificando el concepto de las ‘frutas feas’

Mientras que conocer la teoría es bueno, el proyecto Three o’Clock y la onegé Feed the Children proponen el siguiente paso, una serie de actividades para realizar en casa con los niños.

  • Encuentren maneras de utilizar partes de comida que generalmente se tira, como las pieles de los vegetales o las cabezas de las zanahorias. Averigüen cuáles pueden convertirse en una ensalada o en un caldo.
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  • Guarden y usen las sobras correctamente. Si queda espinaca del almuerzo, saltéenla y cómanla con pasta en la cena. Las zanahorias al vapor de la cena pueden hacerse puré.
  • Planeen para la semana y hagan listas de compras. Solo compren lo que necesitan.
  • Sirvan porciones apropiadas. Llenar los platos generalmente significa un montón de sobras.
  • Dé a los niños suficiente tiempo para comer, y que no dejen la mitad del plato.
  • Congele lo que no va a usar: frutas para hacer batidos, vegetales para hacer sopas.
  • Congele la mitad de los guisos, pasteles o salsas para comerlas la próxima vez que necesite una cena rápida.
  • Incorpore actividades de aprendizaje mientras hace la lista de compras, saca la basura o prepara la comida, ¿cuánto estamos usando, cuánto se irá a la basura, cómo podemos reducirlo?
  • Un gran prejuicio actual es dividir a los alimentos en feos y bonitos. Los vegetales no pierden valor si tienen más pintas en la cáscara o si tienen una forma irregular. Desafíe a los niños a probarlos y distinguir entre ellos, por ejemplo, con los ojos cerrados. Discutan las similitudes y diferencias. Úsenlos en la próxima comida.
  • Pueden trabajar juntos en un pequeño proyecto de huerta, al sembrar residuos de vegetales que crecen rápidamente. Los niños se harán una buena idea del ciclo de la comida. Use la base de la col o la lechuga, de las cebollas blancas o del apio. Póngalas en un frasco con agua y vea cómo echa brotes en unos días. Plante la base de una cebolla colorada o un diente de ajo en terreno húmedo. Quite las semillas de las frutillas o los limones y siémbrelas. Hay muchas maneras de criar frutas y vegetales de los que compra cada día.
  • Otras maneras de usar las sobras: muestre a los niños que hay más de una manera de comerse los alimentos. Ase las pieles de papa (en realidad, las papas deberían comerse con la piel, pero no es posible en todas las recetas). Use el zucchini, las zanahorias, los guineos o los aguacates que empiezan a pasarse de maduros para hacer panes, pasteles y muffins. Los niños estarán encantados. Guarde las cáscaras de los cítricos para hacer infusiones o productos de limpieza. Conserve la corteza del queso parmesano para añadirlo a las sopas y darles sabor. Convierta el pan sobrante en crutones, tostadas francesas o budín.
  • Finalmente, algo que parece complicado. Aprendan a hacer compost o abono natural. Esto requiere tener un espacio fuera de la casa, un recipiente grande con tapa, pero sin fondo, y alternar todo tipo de desperdicios orgánicos. Es laborioso, pero interesante para los niños, y se sumará al proyecto familiar de tener una huerta casera. (F)