El ensayo ciego COV-Boost, del Instituto Nacional para la Investigación de la Salud de Reino Unido (NIHR), que analiza la efectividad de siete diferentes refuerzos inoculados después de dos dosis de AstraZeneca o Pfizer, indica que aún no hay respuestas definitivas sobre cuántos refuerzos de la vacuna contra el COVID-19 serán necesarios, ni hasta cuándo.

El profesor Saul Faust, líder de la investigación, y profesor de inmunología pediátrica y de enfermedades infecciosas de la Universidad de Southampton, en Reino Unido, explicó al diario londinense The Telegraph que nadie puede asegurar en este momento si serán necesarios refuerzos cada año (como sí ocurre con la influenza).

Faust añade que los niveles de inmunidad en las personas después de una tercera dosis fueron mucho más altos que después de las dos primeras. La vacuna incita una amplia respuesta de los linfocitos T, que son parte crucial del sistema inmune, junto con los anticuerpos.

“Aunque no entendemos del todo su relación con la inmunidad a largo plazo, la información de las células T muestra que sí tienen capacidad contra todas las variantes del virus”, lo que da esperanza, dice el médico, de que las vacunas actuales podrán manejar la variante a la que se enfrenten, en el sentido de evitar las hospitalizaciones y la muerte, aunque no la infección.

¿Qué refuerzo de la vacuna contra el COVID-19 debería recibir?

Los resultados del trabajo de Faust y otros, publicados en la revista científica The Lancet, observó la acción de las vacunas AstraZeneca, Pfizer/BioNTech, Moderna, Novavax, Janssen, Valneva y CureVac, y descubrió que mientras todas funcionan bien tras una tercera dosis, algunas son mejores que otras. “Las vacunas ARN (Pfizer y Moderna) estaban muy alto, pero también lo están los refuerzos de Novavax, Janssen y AstraZeneca”.

¿Modificarán las vacunas contra el COVID-19 para hacerlas más eficaces?

La vacuna contra la influenza necesita reformularse cada año, porque con cada temporada circula una cepa diferente. Es una solución imperfecta, porque los científicos deben hacer conjeturas sobre cuál será la cepa dominante la próxima temporada, y algunos años no aciertan, haciendo que la eficacia de la vacuna contra la influenza sea tan baja como el 10 %.

Es demasiado pronto para decir si las vacunas contra el COVID-19 tendrán que pasar por el mismo proceso. Las que se usan al momento fueron desarrolladas para funcionar contra la variante original (la de los primeros casos registrados en Wuhan), y se sabe que se han sostenido contra las variantes Alfa y Delta del SARS-CoV-2. Pero cómo serán contra las próximas variantes, está por verse.

¿Deberíamos esperar por la versión ómicron de la vacuna contra COVID-19?

“No,” afirma el profesor Faust. “Las personas necesitan tener sus refuerzos tan pronto como sea posible”. Sus colegas médicos de la Agencia de Seguridad Sanitaria de Reino Unido están buscando muestras del estudio de Faust para ver cuánto de la variante ómicron puede ser neutralizada por las vacunas. Los niveles de inmunidad en personas jóvenes que recibieron Moderna y Pfizer son altos.

En cuanto a si habrá en el futuro una vacuna perfeccionada que reemplace los refuerzos, hay varias pruebas en marcha, especialmente para ver las fórmulas pueden hacerse cargo de múltiples variantes, para no tener que modificar las diferentes vacunas cada año. Pero cuánto durará la inmunidad, no se sabe. Tal como ocurre con la influenza, durante algún tiempo un refuerzo anual puede ser lo más viable. (I)