El pasado 21 de septiembre la iniciativa TaskForce for Scaling Voluntary Carbon Markets, impulsada por empresas líderes del sector privado internacional y que trabaja para escalar un mercado voluntario de carbono y asegurar su integridad, anunció la creación de un organismo de gobernanza para diseñar rápidamente los Principios Fundamentales del Carbono (CCP por sus siglas en inglés) a través del Panel de Expertos. El ecuatoriano Daniel Ortega, nombrado como uno de los cuatro co-presidentes que conforman el panel, dice que esperan lograr avances de cara a la COP26 que se iniciará el 1 de noviembre en Glasgow.

¿Qué ha ocurrido en el mundo para que aún no exista un plan de reducción de emisiones globales de carbono, en coherencia con el acuerdo de París del 2015?

Hay dos razones fundamentales. La primera es que, si bien es cierto, cada vez hay un mayor nivel de conciencia sobre el problema del cambio climático y sus efectos, esa conciencia no necesariamente se traduce a responsabilidad, principalmente en los sectores de mayor emisión como los de energía, industriales y de transporte. Cada vez hay más acceso a tecnologías que pueden reemplazar a aquellas que contaminan, pero tienen un costo y las decisiones de inversión no se terminan de tomar. La segunda, es que los precios del petróleo motivan a que las industrias sigan dependiendo de ese tipo de combustibles para generar energía, transportarse y producir. El gran reto del cambio climático es que podamos tener acceso a tecnologías más limpias con un financiamiento diferenciado que nos permita adoptarlas de manera acelerada y cambiar la matriz energética global. Se ha avanzado mucho en reducir emisiones, pero aún no la magnitud de lo que necesitamos reducir, se debe descarbonizar la economía.

Para descarbonizar la economía plantean el mercado de carbono, ¿de qué se trata y cómo funciona?

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Para solucionar el problema del cambio climático tenemos que tener dos cosas: uno, tecnología que nos permita reemplazar a la que depende del petróleo, y dos, recursos para poder reemplazarla. En el contexto de la recuperación pos-COVID, las economías están debilitadas. Para esa doble necesidad hay dos herramientas centrales, una es un impuesto al carbono porque haría que el que usa petróleo esté obligado a pagar y reconocer el perjuicio que causa, y ese dinero se ponga en fondo para que las personas puedan comprar tecnología.

Actualmente no hay sanciones por contaminar, no las hay, hay límites que tienen que ver con salud, pero no hay sanción alguna. La segunda herramienta es facilitar hacer la transición a las nuevas tecnologías. Para esto una empresa debe cumplir dos pasos, el primero, voluntariamente medir su huella de carbono, es decir, cuántas emisiones estoy generando; segundo, estimar cuánto dinero va a costar reducir esas emisiones a través de un plan de descarbonización.

¿Y los bonos de carbono?

En el caso que una empresa sea muy eficiente y pueda dejar de emitir las emisiones rápidamente a un menor costo, los bonos de carbono hacen que pueda convertirse en proveedor de ese servicio. Un ejemplo: Ecuador en sus bosques es muy bueno almacenando el carbono en los árboles, entonces es más barato detener la deforestación o reforestar y secuestrar el carbono en un árbol, que tratar de cambiar todo un sistema de ingeniería en una empresa. Lo que hace aquí el mercado voluntario de carbono es facilitar esta transición, que una empresa pueda buscar en el mercado alguien que le provea este servicio.

Con el mercado voluntario buscamos establecer un patrón de principios fundamentales de cómo se puede hacer esto sin que sea un greenwashing (lavado de conciencia) o una venta de humo, porque cualquiera puede decir que lo está haciendo, pero si alguien no viene y lo constata, sería nefasto para el clima. Buscamos darle una oportunidad a los sectores que tienen mayor problema para la reducción para que puedan reducir las emisiones y en la compra y venta de estos certificados de emisión o créditos o bonos, que se pueden considerar un activo financiero. Para tener un ejemplo, una empresa puede decir que va a reducir cien toneladas y emite por cada tonelada métrica un crédito de carbono, los puede vender y con los recursos que adquiere en el mercado voluntario acceder a las nuevas tecnologías.

¿Cómo surgió la iniciativa Task Force for Scaling Voluntary Carbon Markets (The Taskforce)?

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En 2015 con el Acuerdo de París hubo un compromiso en la reducción de emisiones de parte de los Gobiernos, pero cuando se hace un balance años después, no vemos avances al nivel que necesitamos para evitar esos costos económicos y los impactos de la naturaleza. Ante esto, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, y la Secretaría de Convención del Cambio Climático deciden lanzar nuevos esfuerzos en los que hay que involucrar al sector privado, movilizar los recursos necesarios y tratar de ver cómo hacer que las nuevas tecnologías estén disponibles. El señor Guterres define algunos enviados especiales, entre ellos, destaca Mark Carney, un canadiense con amplia experiencia en el sector financiero, que fue nombrado enviado especial para el clima y las finanzas. Hay que entender que no hay acción climática si no hay recursos para implementar.

¿Cómo van con la definición de los Principios Fundamentales del Carbono?

Nosotros en los próximos meses como panel de expertos, que estoy copresidiendo, somos cuatro, uno de Alemania, otro de Singapur, otro de Portugal y yo, tenemos esa responsabilidad de garantizar que tengamos un patrón consistente, rigurosos de bases científicas que regulen este tipo de actividades, esos son Principios Fundamentales del Carbono.

¿Cuáles son sus expectativas sobre la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que empieza en menos de un mes en Glasgow?

En la cumbre se verá qué avanzó cada quien en su tarea, se informarán los avances de cada uno de los actores involucrados y sus emisiones. Nosotros esperamos tener los principios listos para la reunión y a partir de eso tener una hoja de ruta muy clara. Nosotros vamos a participar, pero hay que tener en claro que es un mercado voluntario y que nadie participa en representación de países ni de gobiernos, estamos en capacidades individuales. Hay que recordar que todos somos responsables del cambio climático, la acción es compartida y se espera que los países que han contribuido de mayor manera al problema tengan también una mayor ambición, es decir, los que llevan una industrialización desde hace más de dos siglos.

En Ecuador, ¿qué sectores o qué industrias podrían ser los primeros en adherirse a esta regulación del carbono?

En Ecuador hay importantes avances sobre todo en el aparataje que se necesita para que esto funcione. Existe el Programa Ecuador Carbono Cero (PECC), que busca que las empresas midan su huella y se planteen cómo van a salir de ellos. Es verdad que aún no está completamente adoptado por las empresas o las industrias, pero hay que reconocer que en el combate de la deforestación el país tiene las mayores oportunidades en un corto plazo. Algo que no solo contribuye al problema climático, sino que la reforestación nos garantiza a todos tener un patrimonio en pie con la biodiversidad y por último atrae recursos para la conservación de sus bosques. El segundo sector es la energía, porque todavía tenemos termoeléctricas y después puede avanzar al transporte, el sector más contaminante, mejorando las condiciones para que buses y autos eléctricos y otras modalidades alternativas se desplieguen y luego de esos tres sectores ya ir trabajando en paralelo con las empresas. (I)