Thoreau decía que no siempre todos tenemos que seguir los pasos de otros, porque cada quien tiene su propio himno, su propia música, su propio tambor; que marche, que siga su propia música por lenta o alejada que resulte.

Henry David Thoreau habiendo estudiado en Harvard eligió la impopular carrera de poeta y escritor para satisfacer los impulsos de su alma, y junto con Emerson siempre lucharon por defender la libertad, la naturaleza, la individualidad.

Nadie, por muy inteligente que se crea debe atribuirse el derecho de manejar a los demás, como si la inteligencia no sea un derecho que se otorga a cada individuo para que luche por su propio destino, por su propio futuro.

No hay nada más lindo que decir “lo hice, lo logré, este es mi esfuerzo”; lo peor es la dádiva, el regalo.

Las cosas se deben ganar luchando con fe, carácter, oír la voz interior que dice persigue tus sueños, tus buenos deseos, no hieras ni perjudiques a nadie.

Debemos realizar nuestros sueños, nuestros emprendimientos, porque si son nuestros son de nuestra alma, los defenderemos hasta la muerte. Si todos hubiéramos seguido los sueños de otras personas y no tendríamos nuestros sueños, todavía viviríamos en cuevas, esclavos o sometidos a la imposición y cinismo de dictadores y tiranos, o seguiríamos las ideas destructoras de Hitler, Mussolini, Stalin, Idi Amin Dada...

Yo siempre seguí mi propia música, me puse a estudiar y trabajar mucho, escuché mi conciencia, a mi propio corazón; mis padres y mis maestros me dieron consejos positivos sobre mis deseos de servir, llegar un día a ser médico, y periodista. Nadie me obligó, nadie me impuso mi vocación, solo mi corazón y mi conciencia que me dijeron que con eso tendría una vida y una vejez feliz y paz. (O)

Hugo Alexander Cajas Salvatierra, doctor en Medicina y Cirugía, Milagro