Las recientes declaraciones del embajador italiano en nuestro país respecto a la magnitud del negocio de la mafia en el Ecuador ayudan a dimensionar de forma más adecuada el impacto de la economía criminal, la cual desborda cualquier proyección imaginable. El embajador mencionó que el narcotráfico mueve alrededor de 30.000 millones de dólares en negocios ilegales en nuestro país, un equivalente del 30 % del PIB, monto descomunal que explica también otra realidad lacerante, denunciada hace algún tiempo por estudiosos como Fernando Carrión, quien advirtió que el principal empleador del Ecuador es sin lugar a dudas el narcotráfico.
Es evidente que en el análisis de la economía criminal, la marginalidad, la exclusión y la falta de oportunidades contribuyen a acentuar las posibilidades de que miles de jóvenes sean reclutados para trabajar al servicio de las diversas bandas. Sin embargo, es también claro que la magnitud (miles de millones de dólares) y el dinamismo de esa economía criminal influyen en la incorporación indiscriminada de personas en el negocio narco. Partiendo del hecho de que alrededor de cincuenta mil ecuatorianos, según Carrión, trabajan o colaboran activamente con bandas, es lógico deducir que efectivamente el narcotráfico es el principal empleador del país, superando ampliamente a la suma de los cinco principales empleadores privados del país. Aun si fuese menor el número de personas trabajando para el narco, no hay duda de que seguiría siendo el principal mercado de trabajo, obviamente ilegal, para miles de ecuatorianos.
El analista también señala que el narcotráfico ecuatoria-no incluye una clara división y especialización del trabajo, desde labores logísticas, inteligencia criminal, sicariato, microtráfico y lavado, habiéndose ampliado en los últimos tiempos a otras actividades, como la extorsión y la minería ilegal. En ese contexto y bajo la idea de que podrían existir cincuenta mil ecuatorianos dedicados a la economía criminal, ¿sería posible determinar el número de personas, incluyendo familias enteras, que viven en la actualidad de los ingresos provenientes directa o indirectamente del narcotráfico? En esa misma línea, se puede afirmar que en sectores vulnerables de la población donde existe tal dependencia de la economía criminal, se ha desarrollado una forma de vida, hasta cultural, que puede tener incidencia incluso en opciones políticas y electorales.
Es comprensible que para muchos no resulte cómodo hablar de estos temas. Igual ocurrió en México cuando ya hace algunos años se mencionaba que el narcotráfico se constituiría en el gran empleador de ese país, ante lo cual se señalaba que era imposible que ocurriese algo así. Lo único cierto es que para dimensionar la tarea titánica, casi imposible, de luchar contra el narcotráfico, hay que aceptar la realidad cruenta de su poderío económico; es posible que en la historia de la humanidad no haya existido jamás una actividad delictiva tan lucrativa como la generada por el narcotráfico. Y esto es solo la punta del ovillo. (O)