Recordemos que somos y seguiremos siendo sociedades basadas en energía, y con enormes ganancias en eficiencia, menos energía por cada dólar de producción. Lo fuimos en los tiempos iniciales con nuestra propia energía o de animales, y los primeros instrumentos como el fuego, las máquinas para “extraer” trabajo de ríos o del vapor, y luego el petróleo y tanto más. Tanta es nuestra productividad energética que Smil señala: “Una persona promedio consume una energía equivalente a 800 kilogramos de petróleo crudo al año. En términos de trabajo físico, eso equivale a 60 personas trabajando día y noche todo el año sin parar”. Extraer trabajo genera orden energético que se relaciona con mayor valor y riqueza. Éramos pobres mientras usábamos energías de baja calidad y el primer salto lo dio el carbón en Inglaterra y luego el petróleo: fuentes de alta calidad termodinámica. Y hay tres elementos que destacar. Uno, la producción de energía se ha centralizado de los animales hacia las centrales eléctricas. Dos, cada vez nos adentramos más en la materia para captar la energía ahí oculta, la energía nuclear siendo la última evolución en ese camino. Tres, usamos la energía para generar cada vez más orden que es más útil y tiene más valor.

Hay dos formas de energía nuclear. Uno, la fisión, que existe desde la Segunda Guerra Mundial, en la que núcleos de Uranio 235 son bombardeados con neutrones, lo que libera energía y más neutrones, que a su vez generan más bombardeos, más energía y más neutrones; para convertirlo en un proceso controlado de reacción en cadena, se necesita frenar y dosificar la cantidad de neutrones, para lo cual hay moderadores y barras de control (de boro o cadmio) que los absorben. Dos, la fusión nuclear, que es el proceso mediante el cual dos núcleos atómicos ligeros se combinan para formar un solo núcleo más pesado y se emiten enormes cantidades de energía, y lo tenemos “a la mano”: el Sol genera energía mediante la fusión de núcleos de hidrógeno en helio; la dificultad es que se necesita una gran cantidad de energía muy concentrada (vía potentes láseres por ejemplo) para “lanzar” el proceso de fusión y luego hay que controlarlo (en el Sol por esencia es “descontrolado”).

Lo nuclear (representa en el mundo el 9 % de la generación eléctrica, que a su vez es un 50 % de las fuentes energéticas), ha vuelto a la escena por varias razones: se pueden construir en cualquier parte, nuevas tecnologías con mayor seguridad y menor impacto de los residuos, atractivo frente a la dependencia hidroeléctrica y riesgos de sequías, energía limpia, capacidad de carga superior al 90 % (cuánto funcionan en promedio cada año) frente al 30 % de la eólica o solar, costos efectivos no bajos pero sí razonables. Y además nuevos reactores de fisión modulares llamados SMR (de 20 hasta 300 MW) abren nuevas opciones: desplazarán al gas en la generación de calor, generarán hidrógeno de manera más eficiente, cogeneración para la desalinización del agua de mar y más. Los SMR son algo que debemos aplicar en Ecuador, son eficientes y a nuestra escala económica y energética, Perú acaba de aprobar una ley para impulsarlo y regularlo... ¡Camino a seguir!

Nota. Murió el enorme filósofo alemán Habermas. Paz en su tumba. (O)