En 1962 apareció el libro Cómo hacer cosas con palabras, del filósofo británico J. L. Austin, en el que realizaba una novedosa interpretación sobre los actos de habla de los humanos: según él, las palabras no solo comunicaban determinadas situaciones o establecían hechos, sino que también producían efectos entre los hablantes. Por eso, percibió que con las palabras se podían hacer cosas, ya que, después de ser dichas, inmediatamente se sucedían varios cambios. Una declaración de amor o de odio produce efectos en el otro; una orden imperativa o una súplica también. Así, el lenguaje actuaba entre las personas.
Mecenas urgentes para una biblioteca única
En nuestra historia patria las tensiones de una coyuntura fueron sintetizadas por sus protagonistas en frases, en las que se puede estudiar y comprender el espíritu de una época. Esto es lo que el historiador Enrique Ayala Mora logra en su más reciente libro Frases que hicieron historia: el poder de las palabras (Quito, Universidad Andina Simón Bolívar & Corporación Editora Nacional, 2025). A partir de la premisa de que muchas veces las palabras no solo describen la realidad, sino que inciden fuertemente sobre ella, Ayala ha seleccionado un conjunto de expresiones que marcan hitos desde la Independencia hasta nuestros días.
“¡Hombres nacidos para la servidumbre!”, les dijo Manuela Cañizares el 9 de agosto de 1809 a los conspiradores que flaqueaban en la causa por la Independencia. Vicente Rocafuerte fue un constructor de la nación, mas ejerció la mano dura y ejecutó a muchos de sus adversarios: “La única suerte que tengo es que me tiemblen”, dijo para justificar la represión. En uno de los poemas de Dolores Veintimilla se halla el verso “¿Qué os hice yo, mujer desventurada?”, que revela el drama de una época en que las mujeres eran sometidas por padres, maridos y hermanos, cuyo statu quo ella desafió con trágicas consecuencias.
Fernando Daquilema fue elegido en 1871 jefe de una rebelión –contra el pago de tributos y la opresión del pueblo indio– bajo el grito de “Ñucanchi Jatun Apu!” (Nuestro gran señor). “Mi pluma lo mató”, dijo Juan Montalvo cuando se enteró del asesinato de García Moreno, a quien había combatido con violencia verbal. “¡Yo también voy a votar!”, exclamó Matilde Hidalgo de Procel en 1924 ante una junta de empadronamiento electoral, con lo que fue la primera mujer que votó en Ecuador y en América Latina. “Volver a tener Patria” propuso Benjamín Carrión para que el Ecuador superara el trauma que dejó la guerra con el Perú en 1942.
“Somos como la paja del páramo que se arranca y vuelve a crecer”, dijo Dolores Cacuango, una figura legendaria de la lucha indígena por reivindicar sus derechos. “Viejo, pero no ladrón” fue la réplica de Julio César Trujillo a los correístas que lo difamaban. Este libro de frases que hicieron historia es una contribución para que nos conozcamos mejor como país y encaremos nuestros desafíos. “Si queremos hacer bien nuestro trabajo, los historiadores debemos esforzarnos por llegar a la gente, por interesarla en nuestro pasado colectivo y en las preguntas que levanta ese pasado sobre el presente y el futuro”, sostiene el historiador E. Ayala. (O)