Para algunos, por conveniencia, la inseguridad apareció de pronto como una pandemia, desconociendo su origen; al contrario, este mal ha venido creciendo como una metástasis, los sucesivos gobiernos no tuvieron la voluntad política, ni la firme decisión de combatirla a tiempo, ya sea por desidia, irresponsabilidad o en forma deliberada y que ahora abonan a la inestabilidad democrática, al caos económico, social y político. Pruebas al canto:

William Brathon, exjefe de la policía de Nueva York, vino a Guayaquil en el 2002 para realizar una asesoría de seguridad. Transcribo unos fragmentos de su informe: “Ciertamente no tenemos el nivel de pobreza de ustedes y nuestro sistema judicial funciona bien, ya que es virtualmente libre de corrupción. Ustedes tienen fuerzas policiales muy pequeñas comparadas con el tamaño de su población, sistemas judiciales disfuncionales y unos niveles de corrupción increíbles”. Concluía: “Es importante que la Policía no actúe sola, se necesitan leyes buenas, un buen sistema de justicia, jueces efectivos, fiscales efectivos y un sistema penitenciario óptimo”.

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El Libro Blanco de Fuerzas Armadas (2006), señalaba: “En la actualidad, las amenazas a la seguridad que se derivan del riesgo de situaciones de violencia más allá de las fronteras, provenientes de grupos armados; y, con diverso grado de incidencia, el narcotráfico, el tráfico ilícito de armas, el crimen organizado transnacional y el terrorismo”.

En 2009, la advertencia premonitoria de Pancho Huerta: “No lo puedo probar, pero los hechos están demostrando que aquí el narcotráfico penetró con bendición oficial” y añadía que el país corría “el riesgo de convertirse en una narcodemocracia”.

Los sucesivos gobiernos no tuvieron la voluntad política, ni la firme decisión de combatirla a tiempo...

El editorial de diario El Comercio (26/11/2010). ‘Todos por la seguridad ciudadana’. “El problema de la seguridad pública es señalado desde hace más de una década en casi todas las encuestas como la principal preocupación. La Constitución de Montecristi, llena de proclamas políticas y conceptos muchas veces inaplicables, delimitó con claridad el ámbito de acción de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad interna y la supeditó a la labor de la Policía”.

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El editorial de El Comercio (17/08/2011). ‘Los mitos de la inseguridad’. “… el oficialismo tiene a mano las Fuerzas Armadas y la Policía lo que hará será sacar a la calle sus efectivos para demostrar su compromiso con la ciudadanía y, por otro lado, la oposición ofrecerá el endurecimiento de penas, la xenofobia y el chauvinismo de frontera”.

La fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung. En su publicación ‘Los militares en la seguridad interna: realidad y desafíos para Ecuador’ (05/2013) señala: “¿Militares policializados o policías militarizados? Este parece ser el dilema en Latinoamérica como respuesta de los Estados ante el galopante incremento de la criminalidad y violencia objetiva (delincuencia común, violencia civil y crimen organizado) sumada a la violencia subjetiva, fundada en el temor, producto de la desconfianza ante el accionar institucional. A ella se adiciona la sensación de impunidad frente a la criminalidad y la creciente percepción de inseguridad”.

¿Ha cambiado en algo la situación actual? (O)