El trágico asesinato de los cuatro menores del barrio Las Malvinas coincide con la crisis de inseguridad y el aumento (casi ocho veces desde la pandemia) de los crímenes de menores de edad. En 2024, los homicidios crecieron en esa proporción. El reclutamiento de menores para el crimen está entre las causas.
Hay quienes sostienen que privar de libertad a adolescentes debe ser el último recurso y por el menor tiempo posible; otros, que es un error que los militares participen en tareas de protección contra la delincuencia.
En el 2024, en Guayaquil, Durán y Samborondón, de 10.329 aprehendidos 471 fueron menores involucrados en delitos de secuestro, extorsión, asesinato y tráfico de armas y drogas. Las bandas criminales han captado niños desde los 9 o 10 años, según expertos de la Dinapen. Sirve de ejemplo de esta tragedia social la participación de adolescentes en el asesinato del esposo de una exalcaldesa de Durán.
Esta semana, en Durán, fueron apresados tres menores entre once del total de capturados en un operativo. Las autoridades creen que los menores actuaban como “gatilleros”. EL UNIVERSO reportó también esta semana que tres menores de edad (entre unos 12 y 17 años), asaltaron a clientes de un local de comidas del sector Sauces 4 en, Guayaquil.
En un estudio publicado en Scielo (Scientific Electronic Library Online), de Luis Andrés Crespo-Berti de la Universidad Autónoma Regional de los Andes, se estima que en Guayaquil hay alrededor de 1.050 agrupaciones no formales, con aproximadamente 65.000 jóvenes vinculados a grupos de violencia armada organizada, como pandillas y guetos urbanos. En su mayoría provienen de hogares conflictivos o desestructurados, de la pobreza y la cultura del maltrato. Constituyen “un alto índice de jóvenes violentos, inconformes, agresivos y excluidos”. Están organizados jerárquicamente como un ejército y “con un sistema de castigos y retribuciones”. Cuentan con procesos de admisión, en los que los “aspirantes” se someten a pruebas de lealtad y respeto, que incluyen desde el robo hasta el asesinato.
Los nuevos reclutas empiezan como “campanas” para alertar de operativos policiales y recoger información (InSight Crime). Después los incluyen en la venta de droga, cobrando extorsiones o en el transporte de cocaína. Otros “ocupan la primera línea de guerra desempeñándose como sicarios”. Según observa InSight Crime, este tipo de crimen organizado tiene una estructura compleja “con repercusiones exponenciales”, que tiene la capacidad para coordinar diversos delitos en diferentes lugares y de manera simultánea, debido al diverso número de miembros involucrados. Ante tal realidad el COIP resulta insuficiente para refrenarla.
Debemos convenir que es necesario hacer algo urgente, mientras tanto, las fuerzas armadas deben continuar la labor de protegernos (observando los protocolos para evitar abusos) y las familias deben controlar que los menores no permanezcan en las calles durante las horas nocturnas. Según Unicef (enero 2024), la tasa de homicidios de niños, niñas y adolescentes aumentó en un 640 % en cuatro años. (O)