El debate del domingo pareció más un combate en un cuadrilátero que un encuentro de candidatos presidenciales. Fácilmente, pudo ser el evento estelar de los “quiños del año” versión política. Hablar de quién ganó o perdió el debate no tiene mucho sentido. Unos dirán, sin definir criterios claros, que ganó Luisa González otros dirán que ganó Daniel Noboa. Pero me parece que esto debe pensarse considerando cuáles fueron los objetivos de los candidatos y a quiénes le querían hablar para ganar adhesiones propias y restar votos a su contrincante.

El posdebate

La mejor elección

En el caso de Luisa González, su objetivo fue el de golpear lo más que pudo a Noboa y por eso su aproximación siempre fue ofensiva. Utilizó recursos de todo tipo relacionados a mala gestión, falta de credibilidad, conflictos de intereses familiares, relación con el narcotráfico y misoginia. Asimismo, dio algunos cuestionables golpes bajos que desencajaron a Noboa. Sin embargo, más allá de su objetivo de dar el mayor número de golpes posibles me parece que González quiso hablarles a los grupos antinoboistas e incluso a conservadores que no son parte de su voto duro. Eso puede explicar su cambio de posición discursiva respecto a los migrantes venezolanos, al reconocimiento de Maduro, a la tabla de drogas y al salvoconducto Glas. Así buscó reducir su rechazo frente a estos grupos electoralmente blandos quizás pensando que, aunque no voten por ella, se inclinen por el voto nulo.

Por otra parte, Daniel Noboa tuvo una posición defensiva y más bien trató de contener y esquivar los golpes enfocándose en los resultados de su gestión; y cuando pudo buscó contraatacar a Luisa González. Sin embargo, sus golpes no fueron tan efectivos debido a que eran poco novedosos y repetitivos si uno los compara con discursos anteriores. Así, puso énfasis en relacionarla con la desdolarización, con los líderes del correísmo sentenciados y prófugos, con el totalitarismo y Venezuela y con proyectos públicos del correísmo que han sido cuestionados. Este discurso tiene fuerte acogida en el anticorreísmo duro, sin embargo, no le genera adhesiones fuera de ese grupo que ya lo tenía ganado. En este sentido, cómo él mismo decía en las elecciones anteriores, el “anti” tiene un techo, por lo que me parece que estratégicamente no era el grupo al que debía apuntarle. Quizás lo que le convenía era hablarle al antinoboísmo blando que también es anticorreísta pero que espera una mejor versión del presidente.

¿Qué nos deja todo esto? En mi opinión, aunque no tiene sentido hablar de ganadores y perdedores del debate, que Luisa tuvo una mejor estrategia para lograr el objetivo doble de sumar votos a su favor y restarle, directa o indirectamente, a Noboa. Por otro lado, Noboa se encerró en su nicho y quedó bajo su techo sin ampliar su base electoral. ¿Es esto suficiente para definir las elecciones? Por supuesto que no. La campaña recién empieza, Noboa está en el poder institucional y tiene a su disposición más mecanismos de influencia y persuasión (como los bonos a jóvenes, militares y damnificados) que pueden tener un efecto mínimo pero importante en esta cerrada disputa electoral. (O)