Debo confesar que cuando Javier Milei ganó las últimas elecciones de Argentina, yo me preocupé. Obviamente era la mejor opción; por ningún motivo hubiera preferido que continuara la demagogia kirchnerista que ha impedido durante dos décadas que ese país prosperara y pudiera dar bienestar a su resignada población.

Milei como buen economista conocía muy bien los males que afectaban su país. Mi duda consistía en que fuera o no capaz de lograr las reformas que se requerían, de obtener el apoyo del Congreso, la opinión pública, medios de comunicación y la comprensión de sus compatriotas para intentarlo.

Él ha vencido los obstáculos, las regulaciones que han llevado a ese país al fracaso. Está ganando la batalla, en apenas un año ha sido capaz de rescatar su país de la ruina en que la casta política había sumido a la Argentina. Asumió la conducción del país, con una inflación del 300 %, que hoy prácticamente está bajo control con cero de emisión inorgánica. El Gobierno anterior emitió dinero y lo repartió sin control en una cifra equivalente al 13 % del PIB, con el solo afán de ganar la última elección.

El Banco Central ha sido capaz de ponerse al día con los importadores a quienes se les adeudaban divisas equivalentes a $ 43.000 millones; la brecha cambiaria que existía de más de 180 % ha desaparecido; ya no existe diferencia cambiaria, los argentinos son libres de ahorrar, invertir, transar en cualquier divisa y el país está listo para adoptar el dólar o cualquier otra moneda fuerte para sus transacciones. El salario real ha aumentado y disminuido el nivel de pobreza. El riesgo país ha disminuido de 2.000 a 650 puntos.

Milei ha sido capaz de superar la peor crisis de su historia; él compara lo vivido en las últimas dos décadas con las tres peores crisis de la Argentina, que son el Rodrigazo de 1975, la hiperinflación de 1989 y del Corralito en 2001. El país se ha superado de un déficit fiscal del 15 %, la tercera parte correspondiente a las cuentas fiscales y otras dos terceras partes a esfuerzos por disimularlo en las cuentas del Banco Central. Ahora, repuesto de sus deudas y atrasos, el BC ha sido capaz de aumentar sus reservas líquidas, con compras al mercado libre, en una cifra superior a $ 20.000 millones solo en el último trimestre.

Con la motosierra en las manos ha sido capaz de reducir el gasto del Estado y equilibrar sus cuentas fiscales, ha reducido la administración pública de dieciocho ministerios a tan solo ocho; ha desaparecido un sinnúmero de agencias estatales, de controles administrativos, de trabas, impuestos y contribuciones cargadas a exportaciones y actividades productivas. Se proyecta un crecimiento mínimo del 5 % para el próximo año 2025.

Nuestro país requiere un milagro, una transformación similar, un líder capaz de lograr cambios significativos, de devolverle al país confianza, transparencia y seguridad.

¿Será mucho aspirar por Día de Reyes a un regalo de esta naturaleza o aprestarnos todos a votar con sensatez el próximo 9 de febrero y darnos igual oportunidad, tal como lo hizo Argentina un año atrás? (O)