Felizmente, hasta aquí, se trata solamente del inicio de una guerra comercial, de imposición de aranceles, iniciada por Ecuador, y que está continuando con medidas que, en derecho internacional –si es que todavía sobrevive en el mundo– se conocen como de retorsión, por considerarse equivalentes, y que no implican empleo de medios de fuerza. Hasta aquí: la imposición de aranceles a las importaciones provenientes del otro país, que son las graves; luego: dejo de venderte electricidad, por la una parte; y la otra: te subo el precio del uso de mi oleoducto en 10 veces (que, por supuesto, es como prohibirle el uso, aunque es asunto de menor cuantía). Pero esto no conduce a ninguna parte.
Ambos tienen poco que ganar, y mucho por perder. Ya se está trabando el comercio, tanto el de frontera, del que viven diariamente los habitantes de ambos lados de la frontera; como aquel del que viven los consumidores de ambos países. El contrabando debe estar frotándose las manos. Las partes saben muy bien que, desgraciadamente, son las dos de mayor importancia en este sucio negocio: Colombia, como el mayor productor y Ecuador, como el mayor exportador y que, si no lo resuelven ellas, no hay nadie que pueda hacerlo. Escuché al exsecretario de la OEA Luis Almagro en el programa de Lunes a lunes, de Andrea Bernal, decir que no hay otro camino que el diálogo entre las dos partes; que no caben mediadores ni nada por el estilo. Así es que las altas partes tendrán que sacrificar sus egos e ignorar las voces de sus hinchas que los alientan a permanecer cerrados en sus posiciones nacionales. Eso sería fracasar antes de empezar.
Si hablamos de derecho, los que siempre creeremos en él, los estatutos del Pacto Andino, nos obligan a ambos países a practicar el libre comercio, y no nos servirá de nada el hablar de “una tasa de seguridad”, como algunos lo están haciendo.
Está muy bien el exigir una mayor presencia de Colombia en su frontera sur, como lo he reclamado en mis números artículos en la época del Plan Colombia, y nuestro vecino del norte ha dejado entrever, que las guerrillas tienen mucha fuerza en nuestra frontera común; en ocasiones, superior a la del ejército regular colombiano, que no tiene el control total. En gran parte, sigue siendo verdad que Ecuador limita con las guerrillas.
He leído que algunos piensan en la colaboración de Estados Unidos para controlar nuestra frontera norte. Eso sería un error y, entre varias razones, aparte de las políticas, porque Estados Unidos ya fracasó en la guerra de selva de Vietnam. En la actualidad podemos concluir, que el Plan Colombia fracasó: los cultivos de coca se multiplicaron, sin control; igual en Perú y Bolivia. Habría rechazo en América Latina a la presencia del ejército de Estados Unidos, y podría dar lugar a un conflicto regional, que se sumaría a lo que ocurre en Venezuela.
Todo esto debería manejarse por delegados de los dos países, a nivel de expertos en la materia: no a nivel de jefes de Estado.
El tiempo es importante, porque mientras que el comercio y la industria decaen, prospera el contrabando. (O)









