¿Qué es lo que vimos en la posesión de Donald Trump y en las horas posteriores? Vimos acción inmediata: la firma de decisiones ejecutivas, declaraciones firmes y una energía que buscaba marcar un cambio desde el primer día. Estas acciones, independientemente de si estamos de acuerdo o no con ellas, transmiten un mensaje claro: un líder decidido a mostrar que está dispuesto a asumir riesgos y responsabilizarse por sus decisiones.
Este tipo de liderazgo puede ser controversial, pero no deja de recordarnos un principio esencial que Nassim Taleb aborda en su libro Skin in the Game: los líderes genuinos no solo toman decisiones, también ponen en juego su credibilidad, reputación y hasta su bienestar al enfrentarse a las consecuencias de esas decisiones.
En Skin in the Game, Taleb introduce un concepto profundo y universal: el valor de una idea, una estrategia o una acción no radica solo en sus intenciones, sino en el grado de compromiso y riesgo personal que un líder está dispuesto a asumir para implementarla. Para Taleb, liderar desde la distancia, protegido por privilegios o exento de consecuencias, erosiona la credibilidad y la confianza.
Liderazgos como el de Trump, con decisiones audaces y una disposición a asumir riesgos inmediatos, evocan figuras históricas que marcaron su época. Alejandro Magno no solo dirigió a sus tropas, luchó hombro a hombro con ellas, ganándose su respeto y su lealtad. Julio César cruzó el Rubicón, una decisión que lo enfrentó a una guerra civil, pero que también definió su legado como un líder dispuesto a desafiar lo establecido para cumplir su propósito. Nelson Mandela, por su parte, asumió riesgos personales inmensos en su lucha contra el apartheid, incluyendo la pérdida de su libertad por 27 años. Al elegir el camino políticamente arriesgado de la reconciliación y no la venganza, mostró que el liderazgo basado en principios puede transformar una nación.
Durante la Segunda Guerra Mundial Winston Churchill no solo arriesgó su reputación al adoptar posiciones impopulares, como resistirse a cualquier negociación con Hitler, también vivió personalmente los riesgos de la guerra al permanecer en Londres durante los bombardeos alemanes. No pedía sacrificios que él mismo no estuviera dispuesto a asumir, ganándose así la confianza y lealtad del pueblo.
Margaret Thatcher asumió riesgos personales y políticos al implementar reformas económicas impopulares, enfrentarse a los sindicatos y mantenerse firme en sus convicciones, demostrando liderazgo basado en compromiso y consecuencias reales.
El impacto de los líderes citados en esta columna fue claramente transformador. Su influencia se valoró no solo por sus acciones en el poder, también por cómo esas acciones moldearon el futuro. ¿Redefinirá Trump el futuro estadounidense y global o será recordado por su estilo y controversias? Es muy pronto para determinarlo.
En definitiva, la esencia del liderazgo transformador implica sacrificio, valentía y responsabilidad asumida. Hay noches en las que esta reflexión viene a mi mente y me sirve de inspiración y motor, sobre todo ante las adversidades, cuando un mejor futuro está en juego. Es ahí cuando decido poner la piel en el juego. (O)