La historia de la humanidad está repleta de guerras y en esta columna no pretendemos hacer un recuento de estas, pues, más allá de vencedores y derrotados, todas, dejaron muerte y dolor a su paso.
En la gran guerra, como se denomina a la Primera Guerra Mundial, se apagaron más de 10 millones de vidas, más otros millones de heridos y grandiosas pérdidas económicas en el Viejo Continente.
Hubiera sido sensato pensar que con una experiencia de tal naturaleza, el mundo habría aprendido la lección. Habría entendido que en este tipo de conflagraciones todos pierden.
Sin embargo, solo 20 años más tarde, el mundo entraba en guerra, nuevamente, gracias a los desvaríos siniestros del denominado Tercer Reich y sus aliados de Europa y Asia.
Desde 1945 hasta hoy han transcurrido cerca de 80 años ya desde la Segunda Guerra Mundial. En el ínterin, diversas conflagraciones han teñido de sangre el mundo; desde Vietnam, Corea, algunos estallidos en África y otros posteriores a la caída de la “Cortina de Hierro”, hasta las incesantes disputas bélicas entre Israel y el mundo árabe y la guerra del Golfo.
Pero en todos los casos antes descritos se han tratado de eventos focalizados, por motivos étnicos, ideológicos, económicos o estratégicos militares, sin la participación de todas las grandes potencias del mundo.
Pero ahora, lo que comenzó como una guerra por motivos territoriales y económicos entre Rusia y Ucrania, en el que algunas potencias han tomado partido y otras se han mantenido al margen, amenaza con convertirse en la tan temida y apocalíptica tercera guerra mundial, sobre todo, ahora que la gran potencia del norte ha puesto a disposición de Ucrania el uso de misiles de largo alcance para atacar territorio ruso, y una vez que lo han hecho, los rusos han anticipado el uso de armas nucleares para contrarrestar al enemigo.
Yo sé, amigo lector, que lo que pasa en Ecuador es tan agobiante que no quedan ganas de leer más malas noticias del mundo. Sé que nuestro día a día es suficientemente complejo como para levantar la cabeza a mirar más allá de nuestro metro cuadrado. Sin embargo, lo que motiva esta columna lo amerita.
¿Será que los grandes líderes del mundo han dimensionado el delicadísimo momento que vivimos?
¿Será que se han detenido un momento a pensar que, en esta ocasión, no quedará ningún ser humano en pie para contar la historia?
¿Será que estos líderes están realmente conscientes de que el destino de la humanidad está en sus manos?
Dice el refrán que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla… pero ¿será que, en este caso, aun conociendo la historia llena de muerte y dolor, no somos capaces de evitar repetirla?
Gustavo Petro vaticina que “ha comenzado el fin” de la humanidad
Hacemos votos para que la sensatez, cordura y humanidad de los mandatarios de las grandes potencias del mundo primen y los hagan reflexionar y actuar de inmediato.
Y así mismo, que los medios de comunicación y principales ONG que se preocupan por temas importantes, pero en los que no está en juego la supervivencia del mundo, ejerzan la presión que corresponde.
¡Que Dios nos bendiga! (O)