Ahora, cuando la debacle producida por el maltrato al ambiente es tan evidente para todos, deberían adquirir mayor presencia en el debate nacional aspectos relacionados con la preservación de la vida orgánica y su conexión con actividades productivas y otras que generan riqueza e incorporan a tantas personas, permitiendo que resuelvan económicamente sus vidas y las de sus familias.

Áreas verdes y ecología

Podría considerarse como incontestable el rol benéfico, en determinados aspectos, de la industrialización porque, de hecho, en esos espacios se produce y genera empleo y prosperidad, claro, dentro del modelo civilizatorio en el que todos estamos. Sin embargo, también es irrefutable que esa forma de vida, la industrialización, es la que ha causado –principalmente– el colapso que ya lo sentimos y sabemos que se proyectará en el tiempo inexorablemente, dibujando escenarios de supervivencia cada vez más precarios por la carencia de agua, destrucción del hábitat y por la omnipresencia de condiciones que se deteriorarán cada vez más y más.

Compromiso con la vida

Es preciso que las formas de vida de la gente en todo el planeta cambien radicalmente. Es necesario pensar de manera diferente respecto a la riqueza y a su distribución, así como es imprescindible debatir sobre las desigualdades sociales. Las Naciones Unidas a través de su secretario general y su institucionalidad, constantemente exhortan para que el cambio se dé, porque ellos saben, como también nosotros sabemos, que debemos detenernos y planetariamente recorrer caminos diferentes con el fin de sobrevivir. Pero quienes deberían asumir el reto, los mayores contaminadores de la Tierra, no se involucran como deberían hacerlo en la solución. Están atados a una lógica de vida que no puede defenderse más, porque destruye y arrasa.

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Quizá, no lo hacen, porque no pueden. Están atados profundamente al modelo vigente. Su voluntad, la de las personas y corporaciones poderosas global y localmente, está condicionada por el sistema en el cual vivimos todos. La creación humana, el sistema de producción actual ha adquirido una suerte de autonomía; y, la voluntad de los individuos está condicionada por la inercia de su creación, sin que puedan desviar el curso del malhadado “progreso”.

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En el cambio del modelo de vida, todos los factores sociales entran en juego. No pueden mantenerse niveles de inequidad tan grandes en lo económico y sus derivaciones. El rol de los ambientalistas que desde siempre han planteado el cuidado de la vida, no puede ser considerado más como una romántica posición que no comprende cómo son las cosas en la vida real. ¡Ellos siempre tuvieron la razón! Debemos, en Ecuador, tratar los temas nacionales desde su impacto ambiental, pues este factor es común a toda la sociedad. Cualquier temática debe estar relacionada con la vida y su cuidado, para desde ese análisis tomar las decisiones correctas.

Los líderes políticos y de otros ámbitos deben siempre incorporar a sus razonamientos el factor de preservación y cuidado de la existencia, que es lo más importante. Los otros: rendimientos financieros, beneficios económicos y demás, son objetivos secundarios, nunca principales. (O)