Olga Casado sueña con ser la mejor mujer torera de la historia. Es madrileña, tiene 23 años y proviene de una familia que nada tenía que ver con el mundo taurino. Hija única. Quizá su historia podría ser, también, la de cómo aparecen las grandes pasiones. A veces como un accidente, una rara coincidencia, un azar. ¿Acaso un destino? Ella creció en Aguilafuente, un pueblo de Segovia, y a sus 16 años, al terminar la formación secundaria, ingresó a la Escuela Taurina José Cubero ‘Yiyo’ de Madrid.

Al recordar el inicio de su camino y amor hacia la constelación Tauro dice que, desde los 12 años y oculta de su madre, iba a los encierros en los festejos populares de su pueblo. En las novilladas le sorprendía la ausencia de mujeres. Cuando empezó su formación taurina había 80 hombres y solo 3 mujeres. Se abrió camino con disciplina y carácter. Sus detractores afirman que le falta humildad y memoria, por ejemplo, sobre las grandes mujeres toreras de la historia. Es posible, sin embargo, que el aporte de esas grandes matadoras resplandezca, precisamente, cuando Olga Casado entra al ruedo y toma el capote y luego la muleta.

Al Ecuador llegó en 2025, para las ferias de Latacunga y la de la flamante plaza de Machachi, que, creo, rinden homenaje, con algunos de los más grandes, a la extinta Jesús del Gran Poder de Quito. Elegancia, frescura, tenacidad. Mató a sus novillos demostrando estar en el aquí y el ahora, en la máxima expresión de su valentía y feminidad. Olga Casado aún no toma la alternativa, que es la ceremonia mediante la cual un novillero se convierte en matador de toros. Lo hará seguramente pronto, ojalá por lo más alto. Ya ha compartido cartel con leyendas vivas como Enrique Ponce y Morante, así como compartió en el Ecuador temporada con Alejandro Talavante, el primero del escalafón, y Andrés Roca Rey, el mejor de todos.

Federico García Lorca, que sabía de estas cosas, declaró en su conferencia “Juego y teoría del duende”, sobre la creación artística, que “el toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España”. Por supuesto que me emociona el sueño de Olga Casado, decidida por una afición que, poco a poco, va desapareciendo en América y que en España sufre una dura oposición política. Desde los más remotos orígenes de la tauromaquia lo que define al torero es su carácter. Esa capacidad, que solo puede y debe ser brutal, de mantener el temple y la calma valiente ante los estragos de la vida y de la naturaleza, ante el dolor, ante lo inminente.

Olga, que por nacer un 8 de septiembre es virgo, asume su camino con método, confianza en sí misma y carácter. Un nuevo año se inicia y todos deberemos enfrentar nuevos desafíos. Y trabajar en los sueños. Hay que asumir una energía renovada para estos nuevos doce meses, que tendrán cosas buenas y malas. Pero deberemos cultivar el carácter, que será nuestro principal aliado. Con el tiempo sabremos el devenir del sueño que persigue Olga Casado, quien a veces piensa que los toreros son como samuráis. Cierto sentido del honor y del deber buscamos todos cuando perseguimos nuestros sueños. Gustavo Cerati tenía una frase: “Mereces lo que sueñas”. (O)