Esmeraldas es centro de las discusiones políticas luego de que el 13 de marzo la rotura del Sistema del Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) se convirtiera en una catástrofe medioambiental.

El pasado 25 de julio, Petroecuador aseguró que se regaron 25.116 barriles de petróleo. Un día antes, el diario El País de España publicó que la ministra de Energía, Inés Manzano, informó de 3.800 barriles.

Petroecuador transfirió $ 700 mil para indemnizar a afectados por derrame de crudo en Esmeraldas

Tras colapso de dique en río de Esmeraldas se restableció la operación en la planta de tratamiento de San Mateo al no detectarse rastros de crudo

En las causas del derrame tampoco hay una información oficial en firme. La Secretaría de Estado lanzó la hipótesis de sabotaje refiriendo un informe reservado del que conocía las conclusiones, no el detalle. En tanto, el gerente de Petroecuador, Roberto Concha, lo ha atribuido a un deslizamiento de tierra provocado por las fuertes lluvias en la costa ecuatoriana.

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Mientras las autoridades unifican criterios, la historia de Esmeraldas es la misma. Se vuelve visible para el sector político cuando una catástrofe la daña.

Las labores de remediación y contención del crudo afectadas por el colapso del dique en el río Caple, el 25 de marzo, se redoblaron según informes del Gobierno, que además esta semana prevé empezar a entregar a familias perjudicadas por la rotura del SOTE una indemnización $ 470 en cumplimiento del Decreto Ejecutivo 577.

La Asamblea Nacional, por su parte, el miércoles aprobó el proyecto de ley de participación de las rentas del Estado, que busca asignar recursos a Esmeraldas, Santa Elena y Sucumbíos por la industrialización del petróleo. Todo en medio de la crisis ambiental y la campaña electoral.

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Es propio que las necesidades de Esmeraldas sean atendidas y se establezcan proyectos para el progreso de la provincia a largo plazo. El anhelo es que cuando pase la emergencia las autoridades no olviden a la provincia como ha ocurrido antes. Un ejemplo fueron las promesas tras el terremoto del 16 de abril de 2016; las tareas viales pendientes tras los efectos de El Niño de fines de los años 90 y obras como puentes que han cumplido su vida útil y exigen atención. Un plan serio es lo que requiere esta zona fronteriza. (O)