Apreciados lectores, recibo muchos comentarios de padres de familias relacionados con la agresividad en sus hijos adolescentes, este es un tema que se ha exacerbado en estos tiempos de pandemia, y que en las familias genera grandes problemas.

Recordemos que la adolescencia significa el final de la niñez y el comienzo de una nueva vida, es una época de duelos: del cuerpo de niño que se transforma; de los padres, de los que hay que separarse para poder crecer; del niño que fuimos; de los amigos que perdemos, porque al cambiar ya no son tan afines, entre otros.

Es un periodo de cambios, entre ellos puede aparecer una actitud agresiva que funciona como mecanismo de defensa, para poder enfrentar a los padres, rechazan el mundo de los adultos con sus exigencias y reglas y luchan por alcanzar identidad propia, a esto agreguemos los cambios hormonales, y estamos frente a “otro hijo”.

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Los adolescentes y jóvenes agresivos suelen darse en familias muy protectoras, en las que no hay límites claros ni obligaciones que cumplir y el trato infantil es permanente.

Desde otro lado de la historia están los padres que viven también sus propios duelos. De la noche a la mañana sus niños ya no quieren acompañarlos a actividades que hace muy poco disfrutaban, demandan libertad y esto provoca temores y enfrentamientos dentro de la familia.

Cuando los padres son rígidos y autoritarios, el joven cumple las normas por temor o en respuesta a un castigo físico o psicológico. Cuando educamos con afecto y apoyo incondicional, pero sin límites, promovemos su desarrollo individual, pero se crean expectativas elevadas de éxito que pueden llevarlo a la frustración cuando la realidad no coincide. Lo más recomendable es que los padres comprendan que en la adolescencia los hijos necesitan tener límites para poder alcanzar seguridad y confianza; la sobreprotección les quita el interés por valerse por sí mismos y les deja el mensaje de que ellos no pueden funcionar sin sus padres.

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Es necesario que los padres procuremos desvincular nuestra historia personal con la de nuestros hijos, evitar las comparaciones y tratarlos tal cual son; una mirada objetiva nos dará buenas pautas para comprenderlos.

Tengamos siempre presente que el paso por la adolescencia tiene como objetivo que la persona se convierta en un adulto independiente. (O)