Comer ajo crudo es recomendable no solo para evitar su fuerte olor en nuestra boca, que suele ser molesto para las demás personas, sino para preservar sus cualidades que favorecen a nuestro sistema inmunitario, presión sanguínea, entre otros puntos.

El Instituto de Cáncer de Estados Unidos asegura que tiene propiedades anticancerígenas, pero no se lo recomienda para curarlo, según publicó La Vanguardia.

“Se saber que comer ajos crudos no tiene contraindicaciones importantes en dosis normales, excepto para personas a quienes produce irritación de estómago o alergia, pero se advierte que puede contrarrestar el efecto de medicamentos para la circulación sanguínea (es un potente anticoagulante) y también se ha determinado que puede disminuir la efectividad de fármacos como el saquinavir, utilizado en el tratamiento del VIH”, se indicó en la publicación.

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Se aconseja machacarlo o cortarlo en finas láminas para consumirlo y podría mezclarlo con aceite de oliva, nuez o coco. Sus componentes ayudarán a nuestro sistema digestivo y nos aporta nutrientes como calcio, potasio, fósforo, hierro y vitamina V1.

El ajo crudo funciona como antibiótico, antifúngico (impide el crecimiento de hongos), antivirus (especialmente contra la gripe), antioxidante, antitóxico, reduce el colesterol, mejora la circulación sanguínea (se aconseja de uno a dos dientes en ayunas por algunos días pero no se recomienda como sustituto en caso de tensión alta). (I)