En el cine, la literatura y ahora el internet, podemos encontrar este género como uno de los favoritos entre eventos sanguinarios y protagonistas que nos cortan la respiración. La pregunta es: por qué estos perfiles poco convencionales atraen a espectadores, rompen récords de taquilla y se posicionan entre los favoritos en las plataformas streaming.

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Otro giro que se ha dado en este género no es solo presentar al asesino o psicópata en escena sino que investigar su personalidad. Y ahí está la respuesta del enganche en el mundo del espectáculo: la curiosidad.

Investigadores de la Universidad de Augsburgo y la Universidad de Wisconsin Madison realizaron un estudio en 2013 para develar si al público le gustaban las películas violentas porque querían ver recrear la violencia o porque tenían otras motivaciones ocultas. El experimento se dio con personas de entre 18 y 82 años, con distintos niveles de educación.

Los espectadores se fascinan por encontrar el propósito de la violencia que ejerce el protagonista y entender lo que parece ilógico: la mente del asesino. De esta forma, el televidente o lector en caso de libros, logra tener empatía con los traumas y problemas que originaron los rasgos seriales del protagonista, por ejemplo la serie Dexter o You de Netflix y la película del controversial y tétrico personaje de The Jocker (“El bromas”) que humanizan al villano, así lo recoge un artículo publicado en El Confidencial con el aporte de la psicóloga general sanitaria Ana Belén Medialdea.

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“Por lo general, cuando vemos películas sobre asesinos y psicópatas no solamente nos cuentan un suceso, también tenemos la oportunidad de tener más detalles sobre su vida y lo que les llevó a actuar de ese modo. Esto nos engancha, queremos entender por qué alguien puede hacer algo horrible a otra persona, ya que es una información diferente a la que nos cuentan en las noticias”; explica Medialdea.

En otras palabras, el tener una historia atípica con contextos diferentes muestra un protagonista que en la vida real sería el villano, pero en cámara, llega a salir victorioso. Conocer la historia detrás de los crímenes y torturas, genera en el televidente mucha curiosidad, especialmente en los jóvenes, que según interpreta la especialista, es el grupo más proclive a investigar sobre ellos luego de ver el producto audiovisual.

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“No hay por el momento estudios científicos que avalen el porqué exactamente podemos llegar a admirar a un asesino, pero el síndrome ‘enclitofilia’ habla de cómo ciertas personas, sobre todo mujeres “de personalidad frágil”, manipulables, con rasgos masoquistas, se involucran en la historia de estos personajes. El verlos por televisión, conocer las noticias por redes sociales hacen que despierte en ellas un interés, sobre todo en la población joven, así como emociones, como con cualquier actor o cantante”, indica. (I)