La participación de los vehículos ensamblados en el mercado ecuatoriano tuvo una “mejora” en 2023, al pasar de 11,3 % (2022) al 14,2 %, aunque la expectativa al iniciar el año era llegar a una participación del 16 %, según reveló David Molina, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Automotriz Ecuatoriana (Cinae). Sin embargo, para el dirigente, el 2,9 % de crecimiento es una cifra que sigue siendo baja si se compara a como la industria estaba posesionada entre 2018 y 2019, cuando alcanzó el 35 % de participación.

Mientras, al contrario que los ensamblados, el año pasado la participación de los vehículos importados bajó, del 88,7 % registrado en el 2022, a 85,8 %.

De vuelta a los ensamblados, Molina reveló que en 2023 la industria ensambló en el país 18.916 vehículos, mientras que en el 2022 la cifra fue de 15.140. Este crecimiento tiene que ver, según Molina, con varios factores, el más importante, el compromiso que tuvieron algunas empresas ensambladoras del país que apostaron por proyectos nuevos de inversión para desarrollar nuevos proyectos. Y citó como ejemplo que se empezó a ensamblar el Hyundai Creta, la camioneta Great Wall y otros proyectos como que dieron algo de viabilidad al tema.

Publicidad

Otro factor determinante, dijo Molina, es el esfuerzo que hicieron las empresas para poder captar más mercado, ya que esta es una industria de volumen. “Si es que las plantas no producen un volumen determinado no son eficientes, entonces hay que generar mayor volumen para poder competir o para poder tener un estándar de competitividad medianamente razonable. Es una tarea muy complicada por las condiciones en la que está el país, pero ahí hay un esfuerzo importante que ha hecho la industria automotriz para para de sostener el empleo que de calidad que genera”, explicó.

Sobre no haber llegado a la meta propuesta del 16 % de participación, Molina argumentó que no lograron el proyectado porque el mercado se contrajo por varios temas, entre ellos, el político y la inestabilidad económica, aunque espera que la situación se revierta este año. “Si se ve la tendencia del mercado mes por mes, se ve como a partir de julio de año pasado las ventas empiezan a caer, entonces los mercados se contraen y obviamente los volúmenes son menores, pierdes competitividad y eso hace que las empresas empiecen a producir un poco menos, entonces sí vimos que el mercado que se comprimió en el segundo semestre en buena parte por los temas políticos, de inestabilidad etc, que esperamos que este año se revierta”, enfatizó.

Venta de vehículos ensamblados en unidades mensuales:

Publicidad

MesVehículos ensamblados
Enero1.510
Febrero1.607
Marzo2.040
Abril1.849
Mayo1.596
Junio1.901
Julio1.532
Agosto1.592
Septiembre1.446
Octubre1.323
Noviembre1.243
Diciembre1.277

En general, de acuerdo con la Cinae, el 2023 cerró con unas ventas de 132.979 unidades entre ensamblados e importados, mientras que en el 2022 fue de 134.309 unidades. “Hay una pequeña reducción de las ventas totales de vehículos”, dijo Molina, y agregó que para este año más que proyecciones tienen escenarios y uno de ellos es que se cierre como en el 2023, siendo el optimista.

En un escenario más conservador, se estimaría un cierre por debajo de las 130.000 unidades, es decir más o menos 129.600 y en esa línea ven un escenario conservador de mantener en la participación de mercado en el 14,4 % de la industria y un mercado optimista subir al 15%. “No tenemos unas metas más agresivas que estas, pero obviamente es una proyección todavía medio a ciegas porque aún no se concretan las reformas estructurales fiscales que debe hacer el Gobierno”, señaló.

Publicidad

Citó como ejemplo que hay grandes problemas en la cadena de pagos, el Gobierno tiene atrasos por cerca de $ 4.000 millones, por lo que no logra pagar a sus proveedores, el proveedor tampoco paga lo suyos y el de los suyos no paga a los otros, por lo que hay una reducción de la liquidez que hace que el mercado automotriz también se frene.

Molina indicó que la forma de pago más habitual para comprar un vehículos es el crédito, para lo que se debe considerar dos condiciones: si se va a conservar el empleo y el pago puntual de un sueldo, de lo contrario surge la incertidumbre por el lado del empleo y de estos retrasos en las cadenas de pago. “En la medida en que eso se vaya solucionando podemos hacer ajustes a las proyecciones, pero por lo pronto vemos un mercado todavía comprimido”, analizó. Además, dijo que está pendiente una agenda de competitividad para el sector industrial que no ha avanzado desde hace varios años, en medio de una apertura comercial que plantea retos más complicados. (I)