Análisis de Martha Martínez Hidalgo, magíster en Psicología

La presencia del padre y la madre en la vida de todo ser humano determina la forma en la que se percibe y socializa en la vida diaria. En los primeros años de vida, la madre representa aquel ser que alimenta al niño de manera completa, tanto física como emocionalmente. Sin embargo, cuando el padre sostiene al bebé le transmite una seguridad diferente y complementaria a la que le da la madre.

En la niñez es el padre el héroe de sus vidas, nadie es más fuerte que él y todo lo puede, mientras la madre es la fuente de amor y cuidados. En la adolescencia el padre es el referente de respeto y disciplina que puede ayudar a los hijos a tomar decisiones responsables en sus vidas, mientras que la madre es fuente de comprensión.

En consulta he podido observar que las personas mucho más competitivas que el promedio han crecido con un padre presente activo y son personas más capaces de lograr sus metas. Adicionalmente, las niñas que han crecido junto con sus padres se convierten en mujeres emocionalmente más estables en su vida.

El rol del padre también tiene mucha importancia en cuanto a la identificación de los niños con los roles sexuales. Un padre amoroso con sus hijos varones les permitirá que ellos sean capaces de interactuar con personas del mismo sexo de manera afectuosa saludable, mientras que para las niñas es el modelo de pareja que pudiesen elegir en un futuro.

Un padre que está presente de manera activa en la vida familiar no solamente es un padre proveedor material, sino también un proveedor de amor. Esto último ha sido endosado tradicionalmente solo a la madre, pero en la actualidad los padres conectan más con sus emociones y dan paso a expresar de manera sensible sus sentimientos de amor a sus hijos, por lo que los hijos son enriquecidos en su psiquis, ya que mientras el amor de la madre va orientado a la dulzura, el amor del padre está indiscutiblemente ligado a un amor con rigor que es necesario para un desarrollo completo de los hijos.

Lo antes expresado no significa que aquellos hijos que crecen sin padre no pueden llegar a ser seres psíquicamente completos y estables, pues suelen existir familiares que de alguna manera pueden suplir esta carencia, e igualmente hay mujeres que son capaces de dar a sus hijos todo lo que necesitan.

Cuando el padre ha tenido un papel activo en la vida de sus hijos y llega el momento en que él tiene que partir, esos hijos quedarán llenos en su corazón de modelos que les permitirán poder tener una vida funcional tanto de manera individual como de pareja. Lidiar con la muerte de un padre lleva un tiempo de duelo, doloroso y no sencillo. Sin embargo, las enseñanzas que un padre da a sus hijos trascienden mucho más allá de una vida presente y estas quedan impregnadas en el alma y el corazón de quienes tuvieron la dicha de ser sus hijos. (O)