Por Carolina Loza León, especial para EL UNIVERSO

Patricia Mosquera habla sentada en una sala de una oficina en Quito. Sus manos sujetan una carpeta con todos los documentos: el acta de defunción de su hermano, su cédula, el diagnóstico médico. Hace un año y medio no ha dado una entrevista a la prensa. Rompe este silencio con Diario EL UNIVERSO, para la investigación El negocio de la represión, realizada junto con el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y otros nueve medios aliados del continente.

Édison Mosquera, de 29 años, falleció en las protestas de octubre de 2019. Las manifestaciones se iniciaron el 3 de octubre porque el entonces presidente Lenín Moreno decretó una serie de medidas de austeridad y se mantuvieron por diez días.

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Todo ha cambiado desde entonces. “Para mi papi es como que ya aquí se acabó, cambió de página y ya nada más. No quiere saber nada, ni del tema de justicia ni de entrevistas ni de conversaciones”, dice. Su padre, que era el que más hablaba con los reporteros, decidió no hacerlo más. En su casa ya no entran periodistas.

Patricia está cansada. Han pasado casi tres años de la muerte de su hermano y no se ha encontrado al responsable. En esta oficina de amigos, en el centro norte de Quito, ella toma aire antes de empezar su relato. “No fue un accidente. A mi hermano lo asesinaron”, asegura.

Édison Mosquera, como muchos otros ecuatorianos, salió a las calles a protestar. Se sentía afectado directamente por el aumento de los precios de los combustibles. Había perdido su trabajo en un supermercado y realizaba recorridos de transporte en una camioneta prestada por su papá.

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Desde el inicio apoyó las movilizaciones, convocadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) y el gremio de los transportistas. Su familia sabía que él salía a protestar.

Regresaba a casa por la noche y les contaba sobre su jornada a sus padres. Se había separado hace poco de su compañera con quien tenía mellizos. A pesar de las manifestaciones, lo habían llamado para una entrevista de trabajo en las afueras de Quito. Nada parecía anunciar la tragedia.

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El 7 de octubre se presentó a la entrevista. Luego fue a las manifestaciones y ya no regresó. Pasadas las 20:00, Patricia Mosquera, quien vive un piso arriba de sus padres, en el barrio La Argelia, se empezó a inquietar. Horas antes se había encontrado con sus primos quienes habían visto a su hermano protestando. “Nos pusimos un poco inquietos”. Lo llamaba por el celular, pero no había respuesta.

A las 23:30, mientras Patricia Mosquera se preparaba para dormir, escuchó el teléfono. Minutos después, su padre le pidió que se cambiara para ir al hospital. Édison estaba herido y había sido llevado al IESS Hospital Sur después de recibir golpes y un impacto de un proyectil.

Los doctores entraban y salían de la sala hospitalaria hasta que llamaron a los familiares ahí presentes. Les explicaron que Édison había recibido un impacto de proyectil en el lado izquierdo de la cabeza, en la parte baja del oído. “¿Un proyectil? ¿Por qué?”, se preguntaba la familia. “No tenía sentido que hubiera recibido un disparo por protestar (…) no nos quedaba claro”, recuerda Patricia.

Así pasaron los días, entre la incertidumbre sobre por qué su hermano había recibido un disparo y la angustia de que no se recuperaba. En las calles, la violencia seguía escalando a un nivel nunca visto en Ecuador.

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La bala alojada en la parte baja del lado izquierdo de la cabeza traía complicaciones a cada momento. Un día le falló un riñón. Otro día se le infectó la herida. En un momento dado, los médicos les pidieron permiso para operarlo, horas después se anuló el procedimiento porque su estado era demasiado crítico. Patricia recuerda que todos los días el diagnóstico cambiaba y los familiares buscaban alguna señal de mejoría.

Después de estar seis días hospitalizado, Édison Mosquera murió el 13 de octubre. Un tercer paro cerebral lo fulminó. Hoy, Patricia sabe que la munición que causó la muerte de su hermano fue un perdigón de goma. “¿Cómo una bala de goma puede entrar dañando tanto, alojándose de esta manera? ¡Una bala de goma!, si es un arma no letal”, se pregunta mientras mira la placa con el nombre de su hermano, que fue instalada en el parque El Arbolito, en conmemoración de los muertos y heridos en las protestas de 2019.

QUITO (04-04-2022).- Una placa en memoria de Édison Mosquera está instalada en el parque El Arbolito, en el centro norte de Quito, donde se concentraron las manifestaciones de octubre de 2019. Carlos Granja Medranda / EL UNIVERSO Foto: Carlos Granja Medranda

“Estuve buscando por meses esta placa”, dice Patricia. Está a menos de un kilómetro de su oficina y es parte de una serie de placas entre los adoquines del parque, un tradicional punto de concentración de protestas en Quito.

El 7 de octubre, Édison protestaba en el sector de Cumandá, en el Centro Histórico de Quito. Una cámara de seguridad grabó el momento en que los policías avanzaron hacia los manifestantes y él cayó.

Patricia vio esas imágenes meses después. Vio que su hermano se levantó y recogió algo del piso, vio que un policía lo golpeó y que dos más se unieron al ataque, vio que su hermano cayó de nuevo y que uno de los policías le disparó directamente. No posee el video, ya que se trataba de una cámara de seguridad de un hotel y que habría sido entregado a la Policía para la investigación. Una persona se lo mostró, pero nunca pudo obtener una copia.

Menciona que en los días de protestas en Quito y meses después, la gente compartía material en redes sociales, pero poco a poco las imágenes se fueron perdiendo. “La gente tenía miedo a represalias, entonces ya no cuento con ese material o se lo entregó a Fiscalía para investigación”.

Asumir el proceso legal de su hermano no ha sido fácil. El proceso de duelo ha afectado de manera diferente a cada miembro de la familia Mosquera, además de los dos hijos pequeños que quedaron huérfanos a los cuatro años.

Patricia recuerda que días antes de presentarse ante la Asamblea Nacional, para hablar ante los legisladores que investigaban lo sucedido con las víctimas, parte de su cara se paralizó. Ha recibido apoyo psicológico de la organización que lleva el proceso legal de Édison, la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (Inredh) que ha sido clave para superar su dolor. Asegura que prefiere recordarlo con alegría. “Era un saltimbanqui (…) así le decíamos, lleno de energía y amiguero, ¡Qué loco que era!”.

Casi tres años después, se sabe que la munición que causó la muerte de su hermano fue una bala de goma. Según Luisa María Villacís, coordinadora legal de Inredh, después de la autopsia inicial, se solicitó información puntual sobre los hechos a Fiscalía. Se encontró una bala de goma en el lugar de los hechos, igual a la bala alojada en la parte baja de la cabeza de Édison.

Villacís leyó uno de los reportes entregados a Inredh: el tipo de proyectil era un cartucho antidisturbios, la munición era pequeña, no poseía estrías, pesaba 4,4 gramos y tenía un diámetro de 17 milímetros más o menos. La Fundación ha pedido a la Fiscalía que identifique qué grupos de policías se encontraban desplegados ese día, sus armas de dotación y si la munición era similar a la que impactó a Édison Mosquera el 7 de octubre.

En videos que circulan en redes sociales con fechas 7 de octubre, filmados en áreas cercanas al recorrido de Édison se puede ver que la policía utiliza blindados antimotines con cañones de agua y blindados de transporte de personal (APC). También se puede ver que lanzan bombas lacrimógenas y se puede escuchar el sonido de escopetas con balas de goma.

La coordinadora de Inredh indicó que se puede decir que la bala de goma proviene de un arma Mossberg, que usan los grupos especiales de la Policía.

Las armas de marca Mossberg pueden utilizar balas de goma, al igual que bolsitas de perdigones como municiones menos letales.

“¿Quiénes fueron las personas ese día en el lugar de los hechos? ¿A qué grupos pertenecen? ¿Qué grupos de la Policía? Eso no ha sido posible identificarlo. El proceso aún sigue en investigación previa”, relató Villacís.

QUITO (04-04-2022).- Patricia Mosquera, hermana de Édison Mosquera, quien murió en las manifestaciones de octubre de 2019, en Ecuador. Carlos Granja Medranda / EL UNIVERSO Foto: Carlos Granja Medranda

El nombre de Édison es parte de los ocho fallecidos que la Policía Nacional identificó en las protestas de octubre de 2019. En el informe del Puesto de Mando Unificado que se instaló en la Comandancia policial consta que Édison fue ingresado primero en el Hospital del IESS Sur y luego en el Carlos Andrade Marín, y que tenía “una herida por el paso de proyectil de arma de fuego en la región del cráneo”. Según el informe, esa fue la causa de la muerte y apuntaba a un arma de fuego utilizada, pese a que investigaciones posteriores encontraron que un arma no letal fue la que causó la muerte de Mosquera.

María Paula Romo, entonces ministra de Gobierno, en rueda de prensa, mencionó que el caso de Édison Mosquera se produjo en una zona de Quito donde no había protestas. En declaraciones realizadas el 15 de octubre, Romo señaló que el hecho ocurrió en Cumandá, no se produjo en las zonas de los enfrentamientos, y que era un hermano de Édison Mosquera quien lo llevó al Hospital del Sur.

Patricia rechazó esa versión de los acontecimientos. Señaló que otros manifestantes trasladaron a su hermano sobre una puerta de madera. “No tenemos otro hermano”, dice mientras mueve la cabeza de un lado a otro.

Pese a la frustración causada por un proceso legal que no parece avanzar, Patricia piensa seguir, su valentía sigue entera: “Yo ya perdí todo. No tengo qué perder”. (I)