Con el agua, cuyo día mundial se conmemora hoy, ocurre la faceta más cruel de la cotidianidad moderna: como de cualquier forma la tenemos al alcance, en casos como el de Ecuador, entonces poco la valoramos y defendemos.
Solo despertamos de ese letargo cuando por alguna razón se produce una escasez y allí se comienza a sentir su valía. Y en el contexto actual, me ha llamado profundamente a la reflexión la faceta tecnológica del consumo de agua, que pone en riesgo alto el acceso que de ella se tiene en el primer mundo y que de alguna manera permeará a países del tercer mundo como el nuestro, en el que los recursos naturales suelen ser abundantes, pero muy maltratados.
Un informe reciente publicado por la consultora Zerebralab en LinkedIn nos alerta de los gigantescos consumos de agua limpia que requiere la ahora tan invocada inteligencia artificial. Y la explicación es tan sencilla como antigua: por siempre el agua ha mostrado eficiencia en procesos de enfriamiento, de absorber y disipar calor, antes en lo doméstico y artesanal, luego en lo industrial y ahora en lo digital, donde cada búsqueda o proceso que se cumple, calienta los instrumentos electrónicos que lo permiten y, de no regularse su temperatura, provocaría fallos térmicos en el proceso tecnológico.
La reflexión nos invita entonces a considerar que cada uso exagerado de la IA, o el desborde de la búsqueda de elementos de entretenimiento y su repetición insaciable, son acciones que están inevitablemente afectando al medioambiente y consumiendo buena parte del agua que otros requieren para vivir o producir. Y como la IA crece inusitadamente, los expertos ya pronostican que, en dos años, el agua que se consumirá para enfriar sus servidores, a nivel global, podría llegar a 6,6 mil millones de metros cúbicos, algo parecido a lo que consume todo Dinamarca en un año.
El agua, en su rol de generador de energía, ya nos hizo padecer en el país hace pocos meses, cuando el estiaje (falta de lluvias) hizo que las represas hidroeléctricas dejasen de funcionar y nos castiguen con apagones de hasta 14 horas diarias que pusieron en jaque a la producción y en grandes aprietos, sobre todo por la inseguridad, a los hogares más populares. Esa agua que cae del cielo y que presenta marcadas irregularidades en sus ciclos, nos obliga a ser previsores, para que paradójicamente tampoco se convierta en elemento de destrucción cuando regresa de golpe, como ocurre ahora mismo con el desastre invernal que vive el país.
Pero volviendo a lo plenamente tecnológico, ya está claramente determinado que su crecimiento es intenso y que difícilmente se parará, menos aún retrocederá, y por ende requerirá de mayor consumo energético, es decir, más hidroeléctricas trabajando a full; mientras que en sus procesos de enfriamiento, como expliqué al inicio, cada vez requerirá de más agua limpia. La reflexión final entonces es que cuidemos este recurso natural, no lo derrochemos ni desperdiciemos, y que cada vez que pasemos horas mirando memes, o navegando solo por aburrimiento, recordemos que ese servidor que lo hace posible se recalienta en cada búsqueda y habrá que enfriarlo con agua. (O)