La situación de los ancianos se irá convirtiendo en el más grande problema de la humanidad. Constituimos un grupo etario, palabra esta que significa “relativo a la edad”, que se acerca aceleradamente a ser mayoritario. Para 2100 se estima que constituirá el 40 % de la población mundial. Una tendencia inevitable que viene con el tremendo agravante de que es un grupo vulnerable. Los niños también son vulnerables, son débiles, requieren de asistencia, hay que enseñarles literalmente todo, pero estas debilidades se superan con el tiempo. Las personas mayores, en cambio, con el paso de los años se vuelven más frágiles e inermes, si bien se logra paliar en alguna medida tal deterioro, el resultado final es siempre el mismo, la muerte.

Tempestad y calma

A pesar de esta certeza fatal las sociedades no pueden desentenderse y decir: ¿para qué vamos a auxiliarlos si, total, van a morir forzosamente? Sería tan torpe como no hacerse cargo de los niños arguyendo que, total, van a crecer forzosamente. Es innecesario enumerar los aspectos negativos que tiene la vejez, que son los de la vida, pero exacerbados en grado mortal, nada menos. Carencias económicas, de salud, de relación social y podríamos añadir decenas de campos. A cualquier edad se sufre estas tristes condiciones, pero no con la gravedad que asumen en la vejez, puesto que la soluciones son mucho más difíciles.

Las elecciones como suicidio colectivo

Lo complejo de esta problemática se manifestó recientemente en la discrepancia entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, cuando este elaboró una ley que supuestamente aliviaría el desempleo que aqueja a gran número de veteranos. Las posibilidades de encontrar trabajo para un desempleado que pase de 60 años son casi nulas y sus menguantes facultades le dificultan iniciar cualquier negocio por pequeño que sea. ¿Qué se puede hacer? La Asamblea estableció que los empleadores debían obligatoriamente mantener un porcentaje de trabajadores “de la tercera edad”. El presidente vetó esta ley, pienso que justificadamente. El problema existe, verdad absoluta, pero ¿a cuenta de qué se lo quiere cargar a la empresa privada?, ¿acaso este sector es causante de la penosa situación? Bastantes imposiciones, cortapisas y obstáculos legales tienen ya, que exigen un enorme esfuerzo financiero y convierten al sistema laboral en un infame galimatías. Hay expresas normas que imponen cupos similares para mujeres, jóvenes y discapacitados; además las relaciones con otros grupos han de manejarse con cuidado, para evitar ser acusados de segregacionistas.

Propuestas en contraste

Las empresas no son entidades de beneficencia. Su obligación primaria es la generación de riqueza, que al circular en la economía nacional le permite a esta funcionar. Si se dificulta este propósito, la sociedad se empobrece y paraliza. La situación en el Ecuador es crítica en este sentido, afecta gravemente a la producción y, por tanto, al empleo. Estos imperativos ajenos a su naturaleza terminan por perjudicar precisamente a los sectores que se quería favorecer y no solucionan sus necesidades. Sin embargo, la situación de los ancianos continúa siendo precaria y algo se ha de hacer... volveremos sobre el tema. Vaya que me interesa. (O)