Desde los inicios de la civilización, los seres humanos han buscado maneras de organizarse para lograr objetivos comunes. Así surgieron las empresas, en respuesta a la necesidad de coordinar esfuerzos y recursos. Con el crecimiento de estas organizaciones, se hizo crucial una ciencia para mejorar su funcionamiento, lo que dio origen a la gestión o al management.

Esta ciencia ha sido fundamental para el desarrollo humano, permitiendo que las cosas sucedan. La primera universidad en enseñarla formalmente fue la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, en EE. UU., fundada por Joseph Wharton para preparar líderes capacitados en manejar las complejidades de la industria y el comercio de su época.

Con el tiempo, el management ha evolucionado para responder a los desafíos de cada época, marcando profundamente la forma de gestionar las organizaciones. La administración científica se centró en la eficiencia operativa, optimizando tareas para maximizar la productividad. Posteriormente, la escuela clásica se enfocó en establecer estructuras sólidas y reglas claras para manejar organizaciones en crecimiento. Luego, la escuela de relaciones humanas puso énfasis en la motivación y el bienestar de los empleados, reconociendo que la satisfacción personal podía aumentar la productividad. Más adelante, la escuela de sistemas introdujo la visión de la organización como un sistema interrelacionado, donde todas las partes deben funcionar en armonía. La administración por objetivos, popularizada por Peter Drucker, subrayó la importancia de alinear los objetivos individuales con los organizacionales para fomentar compromiso y eficacia.

Hoy esos aportes son valiosos, pero el desafío es otro. El nuevo paradigma del management es la capacidad de gestionar las contradicciones.

En Ecuador, estas contradicciones son cada vez más intensas y profundas, generando conflictos que parecen interminables. Ejemplos incluyen la necesidad de migrar hacia la minería responsable mientras se sigue dependiendo del petróleo como importante fuente de ingresos para el Estado; promover infraestructuras necesarias sin comprometer la biodiversidad única del país; equilibrar un gobierno central con la autonomía regional; impulsar el crecimiento económico enfrentando profundas desigualdades sociales; y avanzar hacia la modernización sin dejar de lado tradiciones culturales y la necesidad de resolver problemas a corto plazo.

Este enfoque no busca eliminar estas tensiones, sino aprender a manejarlas de manera creativa. En lugar de optar por un enfoque excluyente, promueve una mentalidad de “y/ambos”, entendiendo los intereses opuestos y aprovechando las ventajas de ambos lados al tomar decisiones.

El punto de partida es dejar de ver las contradicciones como una lucha de poder o de posiciones, y convertirlas en oportunidades de evolución humana. Lo siguiente es aprender las técnicas para gestionarlas. Las universidades y escuelas de negocios locales están llamadas a incluir este enfoque en sus programas. Y los líderes deben adoptarlo con urgencia para guiar con éxito a países, empresas y organizaciones en un mundo donde las contradicciones son la constante. (O)