Con la lógica enrevesada que impera en el país, el debate entre los candidatos que disputarán la segunda vuelta se realizará el domingo 23 de marzo, pero la campaña comenzará al siguiente día, el lunes 24. Como consecuencia y por mandato de la autoridad, se violará la disposición legal que prohíbe hacer proselitismo antes del periodo establecido para la campaña. También, dado que participará el presidente de la República, quedará como papel mojado la norma que exige a las autoridades en funciones acogerse a la licencia temporal. Es un nuevo episodio de la ley convertida en plastilina.
Cualquiera que sea la razón, el debate será uno de los elementos que con mayor fuerza definirá el resultado de la segunda vuelta. El enfrentamiento será no solo entre dos personas con estilos radicalmente diferentes, sino sobre todo porque, si ellos son sinceros y responsables, en esa confrontación deberán exponer con absoluta claridad sus respectivos planes de gobierno, vale decir, sus posiciones ideológicas. Los dos aspectos, el estilo y el contenido, serán determinantes.
El estilo será lo primero que evaluará una gran parte de los espectadores. Al enviar y recibir todo el día memes y mensajes que privilegian la imagen sobre el contenido, los usuarios de las redes sociales han desarrollado algo que los más optimistas consideran que es una cierta capacidad para dar más importancia a los gestos que a las palabras. Esas personas, muchas veces de manera automática e involuntaria, valoran en mayor medida la manera en que responden a una pregunta que el contenido de la respuesta. La agilidad con que lo haga cada candidato podrá justificar cualquier barbaridad al responder. Pero las formas influirán también en la opinión de la audiencia que participa menos en las redes sociales y que quiere ver una figura con el temple suficiente para enfrentar la situación del país. Si los titubeos levantan la sospecha de que se trata de un discurso memorizado o dictado por medios electrónicos, la reacción será demoledora. Basta buscar en internet la cara sudorosa y mal afeitada de Nixon frente a la sonriente y fresca de Kennedy para comprobar el efecto de la imagen.
En cuanto al contenido, es probable que ambos candidatos –en realidad, sus asesores– den toda la importancia a los asuntos que en el momento son los más sensibles, con sus respectivas soluciones inmediatas. La inseguridad será el tema central porque la población lo sufre a diario. Seguramente el presidente candidato ofrecerá la mano dura, mientras la candidata de Correa aludirá a las condiciones de vida de quienes se ven atrapados en esas actividades. Es muy probable que a ninguno le parezca necesario demostrar que se trata de un fenómeno que rebasa las fronteras nacionales y que no se reduce a lo militar ni a programas sociales. Otros temas que no dan votos, pero que condicionan el futuro del país son la dolarización, la política internacional frente a los cambios en el escenario mundial y a las dictaduras del continente, la minería ilegal, las condiciones para la inversión nacional y extranjera, la libertad de expresión. En estas se encuentra el verdadero plan de gobierno y la posibilidad de que salga a la luz dependerá sustancialmente de las preguntas y repreguntas que hagan los conductores. Estos últimos deben buscar que el contenido se imponga a la imagen. (O)