Entre el 29 y 30 de octubre estuve en Bogotá en un encuentro convocado por las NN. UU. para abordar el tema religión y mediación. Los dos elementos son de mi profundo interés. La religión, que puede ayudar a resolver y acompañar procesos de paz, pero también puede ser origen de muchos conflictos. Y la mediación, que a mi parecer se está convirtiendo en nuestro país en una especie de receta, que muchas veces requiere pasar por una notaría para ser autentificada, con mediadores no siempre bien preparados y casi todos abogados. Con lo que se añaden problemas, pues en general los abogados son formados en el respeto de la ley y sus múltiples reformas, anexos, etc., que las hacen materia de especialistas, no tanto en encontrar soluciones nuevas a problemas repetidos, sino para encontrar el artículo oculto que ayuda a resolver una situación. Y en mi criterio lo que más falta nos hace son personas que encuentren las brechas a situaciones complejas para hallar salidas que vayan adoquinando soluciones a corto plazo de problemas que nos agobian. Y que no están contemplados en la ley como tal, sino que hay que ir generando lo que se ha dado en llamar justicia restaurativa, la que reteje el entramado social.
Por eso mi regocijo de conocer más sobre la realidad colombiana y el posconflicto después de la firma de paz con las FARC, o escuchar a los actores bolivianos su versión sobre la complejidad de los conflictos que viven.
Se puso especial atención a la participación de las mujeres en la construcción de la paz, las poblaciones étnicas, como llaman a la población indígena y afrocolombiana, la situación de los jóvenes, víctimas y no pocas veces victimarios, los actores LGTB. La coexistencia de sabidurías ancestrales y los avances de la inteligencia artificial no son un desafío menor.
Y solo para enumerar algunos de los elementos que para mí fueron más significativos si los extrapolamos a nuestra realidad, menciono los que requieren mayor profundización.
Es importante tener en cuenta a las víctimas del conflicto, todas las víctimas (cerca de 10 millones a lo largo del conflicto colombiano). Recuperar sus vidas. Los que han cometido atrocidades también tienen vidas que recuperar.
La reconciliación es un punto de llegada, no de partida; hacen falta condiciones estructurales para la paz, una paz sin justicia es solo un parche. Hay que tener en cuenta las causas que originaron el conflicto, alejarse de los relatos únicos. No hay que guiarse solo por el retrovisor, hay que mirar hacia adelante y comprender los desafíos. La historia está contenida en el presente, no se trata solo de ver el pasado. Se trata de ir avanzando con la paz por etapas, de espacios conquistados que van cimentando los grandes caminos donde poder transitar hacia una sociedad nueva.
No hay que olvidar los espacios espirituales en ese proceso: las iglesias que gozan de credibilidad en la población son acompañantes creíbles y necesarios para garantizar el avance en los diálogos, si se mantienen en su rol, que no es el técnico.
Se trata de qué sociedad queremos, qué mundo estamos construyendo.
No podemos seguir en el mismo modo de consumo y producción, la conciencia de nuestra dependencia y apoyo todos con todos y con todo es indispensable. (O)