En la gestión de nuestras vidas como en la gestión de las instituciones las personas debemos enfocarnos en lo relevante, en lo que tiene impacto, en lo de fondo. Debemos fortalecer y cualificar lo bueno optimizándolo, y eliminar lo negativo, lo que perturba, lo que impide la consecución de los resultados. La ruta debe ser siempre la del progreso.

En el caso de las personas, progreso material basado en el esfuerzo y en la lucha decente, y crecimiento espiritual sustentado en valores. Pasada la contienda electoral presidencial hay que sentarse y trabajar para alcanzar lo prometido. Un paso: rodearse de personas competentes, no de “cepillos”. Otro paso: las decisiones de mayor impacto deben ser especialmente sustentadas, dejando de lado toda apreciación política, desprecio, venganza o vanidad. Las políticas en materia de petróleo, de inversiones, de concesiones, entre otras, deben ser claras y concretas, sin espacios a discrecionalidades de entendimiento respecto de sus alcances. Otro paso: voltear la página respecto del pasado. Ya estamos hasta la coronilla de las condenas sobre lo que hicieron Gobiernos anteriores. Otro paso: recomponer las relaciones rotas o afectadas y reencauzarlas. Los rivales pueden tener muy buenas ideas para el desarrollo del país. También es importante para quien resulte elegido presidente tener los pies muy bien puestos sobre la tierra y no caer en el error de hacer consultas populares que no conducen a nada. Las consultas son muy distractoras; el país posiblemente se vuelve a detener a la expectativa de los resultados. En el Ecuador no hay tiempo que perder.

El presidente elegido debe dar señales claras de la firmeza de sus decisiones, de sus políticas, de su valentía para gobernar. Donald Trump está dando un ejemplo de lo que es tener políticas públicas claras y firmes para arreglar problemas de fondo. El mensaje de Trump ha llegado y ha penetrado. Entre otros: no vayas a Estados Unidos de ilegal porque te va a ir mal. Nosotros mismos hemos sufrido las consecuencias de una política migratoria equivocada: un porcentaje importante de los presuntos delincuentes que se atrapan son extranjeros. Otro ejemplo de claridad y de políticas impactantes para arreglar problemas de fondo es Javier Milei. Sus decisiones tienen un alto costo político y de impopularidad, pero ya Argentina empieza a resurgir. Milei está actuando en función del bien de Argentina. Nosotros debemos arreglar nuestros problemas con nuestras propias recetas.

Hay que pedir a Dios que ilumine al gobernante que sea elegido. Pero Dios no nombra ministros, viceministros ni dirige empresas públicas. Está en todas partes, pero en ningún escritorio en particular. Tanto el presidente Daniel Noboa como la candidata Luisa González son amigos de la inversión. Es obvio: la necesidad de la inversión no puede discutirse racionalmente. Todos queremos inversión por sus fabulosos efectos. Pero no basta con querer: hay que atraer. Sin estímulo tributario, sin certezas institucionales, la inversión es solo un sueño. Al Ecuador le urge progresar con sabiduría, sin ideologías, con determinación y valor. (O)