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Veinte jóvenes kichwas de Sarayaku navegaron los ríos de la Amazonía y llegaron a un encuentro de pueblos indígenas en la selva peruana

La expedición duró 21 días por el Bobonaza, Pastaza, Marañón y Waliaga. Sus abuelos se demoraban seis meses en recorrer la misma ruta en busca de sal.

Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

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Un grupo de jóvenes del pueblo kichwa originario de Sarayaku se embarcó en una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, pero esta vez, para participar en el Encuentro Juntos Adelante, con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en la selva peruana. José Santi, del equipo de Comunicación de Sarayaku, cuenta esta historia.

Tres horas antes del viaje, cerca de las tres de la madrugada del 11 de agosto, participamos en la Guayusa Upina con el presidente, los dirigentes y los sabios del pueblo Sarayaku, empieza José.

La Guayusa Upina es una ceremonia ancestral que se la practica en la madrugada antes de la pesca, de la caza o de los trabajos de agricultura, actividades propias de las comunidades amazónicas; sin embargo, la ceremonia de esa madrugada tenía el fin de llenarse de energía para una peligrosa travesía de 21 días.

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Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

Mientras bebíamos guayusa -continúa José- los mayores dieron grandes mensajes a los jóvenes: nos contaron que cuando nuestros abuelos viajaban en busca de sal, lo hacían sin documentos, porque no había fronteras. Que viajaban también porque tenían familia en Perú. Que los abuelos eran bien fuertes porque se demoraban seis meses en recorrer esa ruta. Unos no regresaban porque morían, otros se quedaban porque se casaban, en tanto que algunos no volvían por aprender chamanismo y conocer de la selva. Que había grandes peligros y que en este viaje teníamos que superarlos. Contaron que cuando por fin regresaban, los esperaban con lágrimas y risas.

Cuando el canto de chañawi -pájaro que remeda a otros animales- anunciaba el alba, caminamos a la orilla del Bobonaza para abordar las canoas.

La neblina, como un manto gris, se había posado sobre las copas de los árboles y sobre el río. En ese amenazador ambiente la expedición conformada por veinte kichwas inició el viaje al Encuentro Juntos Adelante, en la comunidad Shambo Porvenir, en la vecina República de Perú.

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Logística:

Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

Llevamos tres baldes de veinte litros de chicha en cada canoa y algo ligero como galletas para picar. También llevamos agua, porque más adelante el río se hace más grande y no sabíamos si íbamos a encontrar alguna quebrada afluente con agua limpia, sin contaminar. No llevamos carne ni pescado, porque habíamos planificado conseguir aguas abajo, porque ese territorio es libre para pescar y cazar. Ahí hay lagunas inmensas donde los moradores pescan bocachico, paiche, guanchiche, carachama…

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Las provisiones estaban repartidas en las tres canoas para comer a bordo y no perder tiempo. Solo parábamos un ratito para las necesidades biológicas. Cuando el día agonizaba, cocinábamos para comer algo caliente.

Para amenizar el viaje tomábamos chicha, compartíamos experiencias, conocimientos, contábamos anécdotas… Lo único jodido era el clima, era demasiado caluroso, era insoportable.

Viaje:

Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

El guía es nuestro primo, Jaime Gualinga, de 34 años, él conoce la ruta porque ha viajado hasta Andoas, entonces, nos organizaba y coordinaba para el hospedaje en los puntos que consideraba seguros. Durante la travesía por ríos ecuatorianos nos hospedábamos en comunidades indígenas, cuando llegamos a las ciudades de Perú, dormíamos en hoteles.

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Después de navegar tres días, alcanzamos la población de Andoas, en la frontera entre Ecuador y Perú, ahí hay un control militar y no teníamos papeles (cédula, pasaporte).

—¿Papeles? —dijo el militar.

—No tenemos —respondí.

—¿Qué andan haciendo? ¿A dónde van? —insistió el militar.

—Vamos a un encuentro con el pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú —dije—, mientras el militar miraba desconfiado.

Los ojos del militar recorrieron cada centímetro de nuestras canoas, finalmente:

—Sigan —dijo—, señalando la trayectoria del río con el brazo.

Tres días después arribamos a San Lorenzo, una ciudad peruana del tamaño del Puyo en Ecuador, ahí dejamos las canoas.

Al siguiente día, a las cuatro de la mañana, abordamos una canoa más grande, la llamaban deslizador, era inmensa, llevaba más de cien pasajeros. Casi al mediodía llegamos a Yurimaguas. Desde ahí cogimos dos furgonetas que nos trasladaron hasta Tarapotó, donde descansamos una noche.

Cuando el sol despuntó, partimos otra vez en canoa durante veinte horas hasta llegar a Pucalpa. Estábamos muy cansados y decidimos quedarnos un día para recuperarnos. Al día siguiente reanudamos la marcha y en dos horas rematamos el viaje en la comunidad Shambo Porvenir de los hermanos shipibos, ahí era el sitio del Encuentro Juntos Adelante.

Siete días nos tomó el viaje de ida, siete estuvimos en el encuentro y siete de vuelta. Navegamos por los ríos Bobonaza, Pastaza, Marañón y Waliaga. La travesía fue de 21 días, mientras que nuestros abuelos se demoraban seis meses, porque no había canoas de fibra a motor, ellos viajaban a remo o, como nosotros decimos, con palanca.

Encuentro:

Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

Nuestros hermanos nos recibieron con mucha emoción, nos abrazaron, nos hicieron inhalar el zumo de una planta medicinal por la nariz, nosotros lo llamamos tabaco negro. Esto estaba en la agenda de ellos, pero nosotros también teníamos nuestra agenda y compartimos guayusa, chicha y nuestro tabaco negro. Ahí estuvimos siete días.

En el encuentro compartimos la experiencia de nuestra lucha con el pueblo Sarayaku para proteger nuestra casa -que es la selva y los ríos- de la amenaza de las empresas petroleras, mineras, madereras. Les contamos sobre las normativas, los planes de vida que estamos llevando adelante. Nuestra experiencia representó una novedad para los jóvenes de allá.

Ellos, nuestros hermanos que son unos 90.000 indígenas shipibos, nos dijeron que cada vez cuentan con menos naturaleza, menos selva, por los impactos sociales con las empresas arroceras y de palma.

Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

Eimy Cisneros, integrante del grupo de jóvenes, dijo que su experiencia en este largo viaje es que empezó a valorar su cultura, sus costumbres, porque sus ancestros también hicieron esta ruta para conseguir sal y en esos tiempos no existían fronteras con sus hermanos de Perú.

En el encuentro con los hermanos shipibo conibo ha adquirido mucha experiencia. Ha compartido ideas, costumbres, culturas, conocimientos, saberes, pensamientos, y como parte de los jóvenes entendió que la lucha como pueblos originarios es la misma: por el territorio, por el sumak kawsay, por el Kawsak Sacha.

Dice que se dio cuenta de que Sarayaku es un pueblo reconocido a nivel nacional e internacional, entonces, los jóvenes se deben involucrar más en la lucha para hacer conocer a otras comunidades indígenas que se pueden hacer grandes cosas y también se puede trabajar para que la cultura y las costumbres no se pierdan.

Otro joven de la comunidad, José Santi, también participó en la expedición y cuenta que el recorrido por ríos grandes fue muy importante porque valoró el esfuerzo de sus ancestros al haber navegado por los mismos ríos. Que fue muy importante ir al encuentro, porque los jóvenes somos el futuro de los pueblos indígenas y debemos ser integrados para ser líderes en las luchas.

Un grupo de jóvenes de Sarayaku hizo una expedición -siguiendo los pasos de sus abuelos que viajaban en busca sal- por los grandes ríos de la Amazonía, para participar en el Encuentro Juntos Adelante con los jóvenes del pueblo shipibo conibo de la comunidad Shambo Porvenir, en Perú. Cortesía: José Santi, Comunicaciones de Sarayaku. Foto: José Santi

Al final del encuentro llegó la despedida. Como pueblos hermanos que los visitamos después de nuestros abuelos, fue muy sentido, hubo lamentos y lágrimas. Los jóvenes se emocionaron tanto que pidieron a viva voz que estos encuentros se mantengan, que no se acaben, que abran espacios y que pidan a los Estados que hagan una nueva política, que promuevan estas reuniones entre pueblos sin necesidad de documentos, que los controles están bien, pero sin tanta burocracia, que se pueda viajar aunque no se tenga pasaporte, que esas cosas no deben exigirse a los pueblos indígenas. Nos dimos los últimos abrazos y con esa energía enfilamos nuestro viaje de regreso, concluye José Santi.

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