Pocos conocen la historia del padre Marianito, un sacerdote de Colombia que fue beatificado luego de que se le comprobaran algunos milagros y se hallara su cadáver incorrupto, diez años después de su sepultura.

Mariano de Jesús Euse Hoyos, como era conocido como el sacerdote, era paisa y nació el 14 de octubre de 1845 en la población antioqueña de Yarumal. Murió el 13 de julio de 1926, a los 81 años en el pueblo vecino Angostura, donde vivió la mayor parte de su vida y también se hizo santo.

Los lugareños aseguran que Marianito hablaba con Dios y sanaba a los enfermos con solo tocarlos. Su cuerpo fue hallado en un estado casi perfecto cuando lo exhumaron, pero más adelante se pudrió, reseñó El Tiempo.

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La asombrosa historia del beato paisa de cadáver incorrupto

A su exhumación asistieron autoridades eclesiásticas y civiles, y un notario público. “La madera del ataúd estaba reducida a polvo, y lo mismo la sotana y los ornamentos. Ese polvo, en capa bien gruesa, lo cubría de la cabeza a los pies. Lo primero que apareció fue el rostro, completo, con el color de la piel casi natural. Aparentaba dormir. Luego apareció el cuerpo, todo. Los músculos de la pantorrilla y el muslo derecho estaban blandos, pero no exhalaban mal olor. El resto del cuerpo estaba intacto”, decía en el acta exhibida en el libro “Vida del beato Mariano de Jesús Euse Hoyos” del padre Ignacio Yepes.

La conservación del cadáver “nada tenía de natural”, obedecía a una “intervención divina, porque el cuerpo no fue embalsamado cuando murió. “En esa época (1926) no existía esa práctica y no había un médico en la población que supiera sobre eso”, siguió el relato del documento de exhumación.

El padre Marianito murió por una fuerte diarrea, y para mayor asombro, ni siquiera el estómago estaba en estado de descomposición. Fue exhumado en 1936, diez años después de su muerte.

Su cuerpo reposa en un santuario inundado de miles de placas de agradecimiento por favores recibidos, en su mayoría, sanaciones de enfermedades terminales y su nombre es el más común del pueblo.

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La leyenda llegó a su pueblo y los lugareños reclamaron su cadáver

Hay toda una leyenda alrededor del padre Marianito. Luego del acontecimiento, el rumor sobre el cuerpo incorrupto llegó hasta su pueblo natal, Yarumal, donde sus devotos paisanos emprendieron camino hacia Angostura para reclamarlo.

Una turba de feligreses armados con chuchillos, tijeras y navajas llegaron a la región vecina y como no podían tener al difunto en sus dominios, estaban dispuestos a arrancarle así sea un pedazo de piel.

Descomposición de un cuerpo incorrupto

Aunque el cadáver de Marianito fue exhumado incorrupto, luego se descompuso. En el mismo libro del padre Ignacio Yepes se contó esa parte de la historia. El padre Alberto Elías Palacio, entonces párroco de Angostura, reconoció que le arrancaron la nariz.

“De un día para otro fueron a mirar el cuerpo, y le faltaba. No sabemos quién fue el causante de esa profanación”, dijo.

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La momia de Marianito estuvo expuesta a la veneración pública desde que la hallaron en 1936, hasta 1988. La gente podía observarlo dentro de un ataúd con cofre de vidrio, pegado a una tapia, de pie. Pero tuvieron que tapar el sepulcro ese año, porque así lo exigía el proceso de beatificación, para que no tuviera culto público.

Luego en 1999 fue necesario destapar la tumba para extraer algunas reliquias que pedía la Santa Sede y fue ahí cuando encontraron el cuerpo corrompido como consecuencia de un incendio en una edificación vecina al templo –por el agua con el que apagaron las llamas– o por un vendaval muy fuerte que cayó cerca de la tumba.

Sin certeza sobre lo que ocurrió, las paredes de la iglesia se habían llenado de humedad, y la santa momia terminó descompuesta.

El padre Palacio recordó que solo quedaron los huesos, que fueron acomodados para armar de nuevo la figura. Mandaron a hacerle una máscara de cera, al igual que las manos. Pero antes le arrancaron varias falanges de la mano izquierda, que enviaron al Vaticano como parte de los requisitos de beatificación.

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Beatificación del padre Marianito

Reconstruido con silicona, a Marianito lo beatificaron el 9 de abril del año 2000, por el papa Juan Pablo II, gracias al testimonio de sanación del cáncer linfático que padecía el cura Rafael Gildardo Vélez, de la Diócesis de Santa Rosa de Osos.

Colombia lucha por convertirlo en santo, pero le hace falta otro milagro similar comprobado para que la Santa Sede lo tome en cuenta para ello.

El padre Jorge Gaviria, párroco del santuario de Marianito en Angostura, asegura que “nos hace falta tener a alguien en el Vaticano que se encargue de mover su proceso de santidad”.

Afirmó que se encarga de documentar varios testimonios de sanaciones aparentemente milagrosas ocurridas por la intercesión del beato, pruebas que tomó la Diócesis de Santa Rosa de Osos para luego enviarlas a la Santa Sede. (I)