Recientemente, un grupo de CEO nos reunimos para comprender cómo la inseguridad, los cortes de luz y la reducción de ingresos están afectando no solo la cotidianidad, sino también dejando una profunda huella en la salud mental de la sociedad ecuatoriana.
Estos estresores, cada vez más frecuentes, tienen consecuencias emocionales y psicológicas que impactan tanto a las personas como a las organizaciones. La agresividad, la sensibilidad extrema y el agotamiento crónico son solo algunos de los síntomas que se evidencian cada vez más en un entorno donde el estrés se ha normalizado.
No soy psicólogo ni psiquiatra, pero siempre me ha interesado ampliar mi perspectiva para entender qué debería estar en la agenda estratégica de los tomadores de decisiones y cuáles son las fuentes de ventaja competitiva en un entorno tan desafiante.
Uno de los conceptos más relevantes relacionados con la salud mental es el burnout o síndrome de agotamiento profesional. Este fenómeno ha sido estudiado a fondo por Christina Maslach y Susan Jackson, quienes desarrollaron el Maslach Burnout Inventory (MBI), una herramienta que mide tres dimensiones críticas: agotamiento emocional, despersonalización y falta de eficacia personal. Estas dimensiones reflejan cómo el estrés prolongado afecta la capacidad de las personas para desempeñarse en sus roles laborales, gerenciales y otros, impactando directamente en la productividad y el clima organizacional.
El agotamiento emocional se traduce en una pérdida de energía que limita la capacidad de afrontar las tareas diarias. La despersonalización lleva a actitudes cínicas y distantes hacia compañeros y clientes, minando las relaciones interpersonales. Finalmente, la falta de eficacia personal genera sentimientos de frustración, afectando la autoestima. En un contexto como el ecuatoriano, donde la incertidumbre es parte de la vida diaria, estas dimensiones se intensifican, afectando no solo el bienestar individual sino también el desempeño colectivo. Incluso podrían ir más allá, generando problemas de depresión.
Diversos estudios a nivel mundial han demostrado que las organizaciones que priorizan la salud mental de sus colaboradores logran mejores resultados en términos de innovación, compromiso y resiliencia. Sin embargo, este tema aún no ocupa el lugar que merece en las agendas estratégicas, siendo que la salud mental no es un tema menor.
Los líderes podrían empezar a utilizar herramientas como el MBI para medir y gestionar el burnout, tomar decisiones preventivas y programas que minimicen los efectos del burnout para ellos y sus equipos de trabajo.
En Ecuador, donde la presión económica y social es constante, no podemos permitir que el agotamiento se convierta en el nuevo estándar. Aunque el foco principal en el mundo empresarial ha sido el crecimiento y el bienestar material, deberíamos estar atentos a cómo las nuevas realidades nos están desafiando a poner atención a nuevos temas como la salud mental. Es una inversión estratégica que sin duda va a marcar la diferencia en el futuro que está por venir. (O)