El desarrollo del proceso electoral ha puesto a trabajar a cien por hora a gran parte de los gobiernos autónomos descentralizados (otros siguen siendo ineficientes) en la ejecución de obras para tratar de apoyar a los candidatos con los que se identifican. Reaparecen “muy agenciosos y ejecutivos” en esta época de buscar votos para las elecciones presidenciales y legislativas del 9 de febrero del 2025.
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Basta observar las tareas que cumplen alcaldías, prefecturas y juntas parroquiales, que han sido ineficaces, en su mayoría, durante el comienzo de sus administraciones e incluso ineficientes en la ejecución presupuestaria.
Hoy quieren enseñar el trabajo, al menos con obras visiblemente identificables y que estén muy a la vista, bien transitadas, y ojalá terminarlas en esta época electoral y endosar su ejecución a la supuesta eficacia de las administraciones y consecuentemente a los candidatos de su misma tendencia.
Durante la primera etapa de estas administraciones no habían demostrado eficiencia, pero hoy corren contra el tiempo para acelerar los proyectos de las obras, especialmente viales, que no habían sido atendidas o estaban paralizadas por un largo tiempo.
Sin embargo, poco se han preocupado por atender las grandes obras que no se ven y están bajo tierra, pero que son muy importantes, como el alcantarillado, lo cual no da votos. Igualmente, no han solucionado ni atendido las grandes necesidades de servicios básicos de las poblaciones: agua potable, atención sanitaria, recolección de la basura, tan básicos para una mínima calidad de vida. Ese es el caso de las provincias del Litoral: Esmeraldas, principalmente; Manabí, Los Ríos, Guayas, Santa Elena, El Oro; de la región Amazónica, pero también de la zona Interandina.
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Pueblos que sueñan con servicios básicos permanentes y eficientes y que no cuentan pese al pago de impuestos, la existencia de reservas de agua, el tendido de tubería, pero la mala gestión administrativa y la galopante corrupción impiden la entrega de esas prestaciones. Vuelve la campaña electoral y se reactivan y reaparecen la demagogia y las falsas promesas de soluciones.
Aprovechan el momento electoral para la repavimentación de calles principales y muy circuladas, pasos a desnivel que, como en Pichincha y su capital, habían estado paralizados un buen tiempo por falta de gestión administrativa. De pronto trabajan día y noche e incluso en medio de las lluvias y la oscuridad por los cortes de energía eléctrica. Como toda obra pública, aunque sean necesarias, generan molestias más aún cuando se tratan de vías y autopistas de gran circulación.
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Qué importante hubiese sido que hagan antes las obras, sin pausa ni interés político de los votos a favor de sus coidearios, muchos de los cuales están en precampaña para las elecciones presidenciales y legislativas de febrero próximo. En política no hay coincidencias ni sinceridad sino solo el juego de intereses de sus actores, a vista y paciencia de los ingenuos e indiferentes electores. Solo buscan a como dé lugar el poder para servirse del país y no servir a la nación, sus provincias, cantones y parroquias. Pobre país, en manos de los mismos intereses. (O)