En una campaña electoral deslucida, sin propuestas y relegada a la inmediatez de las redes sociales va ganando terreno un tema de fondo que puede ser crucial para la definición de los resultados. Es la dolarización, que en las últimas semanas se ha colocado en el centro del debate debido a las declaraciones, actuales y anteriores, del expresidente Correa y de sus candidatos. Ellos (y ella habría que decir) se han encargado de agitar un mar de dudas sobre esta medida que ya lleva 25 años de vigencia y cuyos resultados son claramente positivos tanto en términos macro como microeconómicos.

El retorno de este tema en el marco de una campaña electoral no es nuevo, ya ocurrió en 2021 y 2023, año en el cual fue abordado en esta columna (https://www.eluniverso.com/opinion/columnistas/dolarizacion-si-o-no-nota), de manera que no cabe reiterar los argumentos planteados en aquella ocasión. Pero, lo nuevo y sorprendente es la propuesta del correísmo para constitucionalizar al dólar como la moneda oficial del país. Quienes despotricaron por la dolarización, ahora, sin una gota de sangre en la cara, quieren aparecer como sus mayores defensores. Es que saben que en la campaña hay que eliminar las piezas que hacen ruido, y esta es la más sonora. Como ocurrió en las dos anteriores, la disyuntiva entre la permanencia y la sustitución del dólar puede ser el elemento que incline la balanza en la segunda vuelta. Junto al tema de la inseguridad, esta constituye la mayor preocupación para esa mayoría de la población que constata las ventajas de no tener inflación y por tanto de saber que su ingreso, por magro e insuficiente que sea, no se deprecia día a día.

¿Por qué dolarizamos?

El candidato a vicepresidente, que estuvo seguro de haber descubierto la manera de deshacerse del dólar como moneda de curso legal, dejó plasmada su fórmula por escrito en un artículo en el que el propio título es una traición a su subconsciente: Una vía ordenada para salir de la dolarización y no morir en el intento (revista Ecuador Debate, número 50, agosto de 2000, páginas 105-120, en https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/handle/10469/5215). Ahora evade el tema y se adscribe entusiastamente a la propuesta de su bancada de constitucionalizar al dólar (¿será esta una nueva forma ordenada de salir de la dolarización sin morir en el intento?). Por su parte, el jefe único e indiscutido de los borregos –como se autodenominaron en la elección anterior– nunca ha dejado de decir que esa medida fue negativa para el país y que es necesario eliminarla. Ha sido muy franco en ese aspecto. Pero, desde el paso de su candidata a la segunda vuelta se ha olvidado del tema, lo que ha dado lugar a apuestas acerca del tiempo que durará su silencio.

Balotaje

Argucias como la propuesta de colocarle al dólar en el nivel constitucional tienen larga historia en la política mundial. El antecedente más conocido, que quedó plasmado en una frase, fue el de Enrique IV de Francia, a quien se le atribuye haber afirmado que París bien vale una misa cuando renegó de su credo protestante para abrazar el catolicismo que le aseguraba su acceso al trono. Al fin y al cabo, se trataba de un cambio dentro del mismo tronco religioso del cristianismo y, sobre todo, era algo de su fuero interno. La diferencia está en que la conversión actual debería hacerla un país entero. (O)