En nuestra cotidianidad, emitimos juicios morales varias veces al día, es decir, juzgamos como buenas o malas conductas propias y ajenas, y establecemos deberes y prohibiciones para nosotros y los demás: llegar puntual o no tomar cosas ajenas, por mencionar algunas conductas sujetas a estos juicios.

El juicio moral se diferencia de otros tipos de juicios porque expresa vergüenza e indignación. Cuando actuamos de forma incoherente con lo que consideramos correcto, sentimos vergüenza. Por ejemplo, cuando hacemos sentir mal a alguien. Del mismo modo, si juzgamos un acto ajeno como indebido, nos indignamos y esto lo expresamos con gestos o calificativos que adornan ese juicio. Por ejemplo, cuando alguien no respeta las leyes de tránsito y ocasiona un accidente.

Si esto lo hacemos día a día y casi inconscientemente, con las elecciones seccionales que están tan cerca es un deber patriótico evaluar moralmente a los candidatos que nos van a representar para administrar cantones y provincias. La mayoría de seres humanos tenemos una ética más o menos desarrollada: un conjunto de concepciones generales e intuiciones sobre lo que se puede hacer y lo que no, sobre lo que está bien o mal. Lo invito a utilizar esa capacidad para evaluar a los candidatos. Y aunque la moral es un parámetro subjetivo, hay formas de calificar objetivamente.

... hay mucho que está en juego (en estas elecciones) como para aprobar a quien merece sanción y/o expulsión.

Como he comentado varias veces en esta columna, soy profesora universitaria y los profesores utilizamos rúbricas. Las rúbricas consisten en un conjunto de criterios de evaluación. Para cada criterio, se proporcionan varios niveles descriptivos. Se asigna una calificación a cada uno de estos niveles. El profesor elige qué describe mejor al criterio dado.

El candidato ideal debería tener: 1. Buen perfil y 2. Propuestas adecuadas, es decir que, con el presupuesto, se puedan cumplir y no solo se las comunicó para persuadir.

Los criterios para evaluar el perfil pueden ser: 1. Méritos, 2. Liderazgo, 3. Perfil profesional, 4. Experiencia laboral, 5. Aporte a la sociedad. Los criterios para evaluar las propuestas pueden ser: 1. Atiende necesidades básicas insatisfechas, 2. Beneficia directamente a poblaciones excluidas o de mayor riesgo, 3. Alcance y participación de la ciudadanía, 4. Factibilidad y viabilidad.

Además, si su candidato ya ha estado en la administración pública con anterioridad, y lo que busca es la reelección, podría aplicar la rúbrica para evaluar su gestión. Se sorprenderá con la cantidad de candidatos que no solo merecen reprobación sino sanción y hasta expulsión.

Si usted como elector tiene claros los criterios con los que emitirá sus juicios, se cura en sano: si le falla su candidato, una vez en la administración, no puede decir que no hizo el juicio evaluativo pertinente. En el peor de los casos, se avergonzará de cómo votó y se indignará del engaño que lo llevó a votar así.

Lo invito en estas elecciones a pensar como profesor a la hora de evaluar a su candidato. Considerando los principales problemas que aquejan al país, varios de ellos profundos y serios, hay mucho que está en juego como para aprobar a quien merece sanción y/o expulsión. (O)