Los ecuatorianos presenciamos el debate presidencial obligatorio organizado por el CNE el pasado domingo, 19 de enero.
Según la data que ha circulado en medios, fuimos más de nueve millones quienes lo presenciamos.
Como muchos lo hemos comentado en diferentes espacios, el formato de este mal llamado debate no permitió que exista realmente un debate, sino más bien, por el corto tiempo, una presentación de propuestas por parte de los candidatos, con alguna que otra escaramuza o ridiculez, que lamentablemente es lo que más han resaltado otrora medios serios.
Más de 9 millones interesados en el debate
En esta columna procuraré resaltar lo que, a mi criterio, considero como lo más positivo del “debate”.
En primer lugar, la posibilidad de que más de nueve millones de ecuatorianos conozcan y escuchen a los 16 candidatos presidenciales. Este hecho es muy relevante, considerando la suerte de bloqueo mediático que ejerce la publicidad oficial mezclada con noticias, en los principales medios del país, lo que impide que las propuestas de los demás candidatos lleguen al elector, y más allá de la banalidad del TikTok y las redes sociales.
En segundo lugar, que el candidato presidente haya tenido que salir de su zona de confort en la que ha estado por más de un año, sin dar entrevistas independientes o ruedas de prensa realmente abiertas, y enfrente a la audiencia sin preguntas precalificadas ni entrevistadores oficiales. Y dicho sea de paso, lo hizo bastante bien, procurando no salir de su libreto y sin cometer ningún error que le pase mayor factura electoral.
En tercer lugar, ha permitido dejar en evidencia las limitaciones de la candidata correísta, así como lo que parecería una alianza no escrita entre la candidata del partido de Lucio Gutiérrez y el oficialismo, pues fue precisamente Andrea González quien atacó con mayor efectividad a Luisa González, y además, es quien está siendo impulsada por los medios alineados al oficialismo para proclamarla ganadora de un debate que, por su formato, no tiene ganadores.
Me quedo con estas conclusiones:
Hay que cambiar a futuro el formato del debate. Uno en el que cada candidato tenga espacio para realmente exponer sus principales propuestas y los moderadores tengan un rol más protagónico.
El presidente candidato demostró un buen manejo de crisis, pues, a pesar de haber sido sometido a una situación muy incómoda, se supo mantener en su libreto y no perder el norte de su estrategia.
Henry Kronfle demostró estar muy lejos del resto de candidatos en cuanto a dominio de la problemática del país, soluciones aterrizadas y expresadas con claridad a la audiencia.
Henry Cucalón tuvo un discurso muy claro y firme; Luisa González “hizo aguas” nuevamente; Jairala es un buen comunicador; Andrea González fue con un solo objetivo; y el resto, de una u otra manera, se hicieron conocer del Ecuador.
Más allá de las encuestas “cohetes” que inundan las plataformas digitales y algunos medios interesados en difundirlas, la elección está abierta, y con todos sus defectos, el debate contribuirá a que ese altísimo porcentaje de indecisos vayan aclarando su mente para el 9 de febrero. (O)