Cuando uno lee los éxitos de Neisi Dajomes no puede menos que admirarla. Cuando recordamos las conquistas de Jefferson Pérez y Glenda Morejón fluye igualmente admiración. Sus esfuerzos son básicamente personales, pues aquí el apoyo al deporte es muy limitado. De vez en cuando se conocen situaciones insólitas: que un deportista de alta competición no puede elegir a su entrenador por equis razón burocrática; que a un exitoso futbolista, puntal del campeonato, no lo dejan entrar a entrenar en su equipo; que un futbolista indisciplinado hasta el alma no va a entrenar y no lo botan. Nunca se les ha escuchado a Dajomes, a Vera ni a Morejón sobrarse. En el caso de Dajomes leí que su entrenador la acogió y ella vivió en su casa. Acciones así son dignas de reconocimiento. Hay también una reciente prueba de amor de un futbolista: regresó de Europa, donde tenía éxito, para jugar en el equipo de sus amores. En el caso de Messi es admirable su actitud: en toda su grandeza como futbolista nunca le he escuchado creerse más que nadie. ¡Y vaya que es el mejor del mundo!

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Aquí hay uno que otro dirigente divo que debe cambiar de actitud, criticar menos y trabajar más. A algún dirigente famoso por sus declaraciones agresivas contra equipos rivales, contra arbitrajes, etc., casi casi lo sacaron por la ventana en su propio equipo. Me parece que ha llegado el momento de dar un gran giro a la gestión deportiva tanto a nivel del Estado como privado. El Ministerio del Deporte debe convertirse en el gran ente de apoyo a los deportistas, su estructura administrativa debe ser mínima, mientras que debe llegar al máximo su nivel de acompañamiento y estímulo a los deportistas. He leído que el ministro (una persona muy agradable) no inscribe a la dirigencia de Barcelona a pesar de haber una sentencia constitucional. No sé qué asesoría tendrá el ministro, pero por no cumplir sentencias constitucionales puede ir a parar a la cárcel. Ojo, no tengo ningún vínculo con Barcelona ni su dirigencia. Si el caso fuera respecto de Emelec diría lo mismo. Los municipios deberían maximizar su apoyo al deporte creando, por ejemplo, escuelas de box y artes marciales en los sectores más populares y conflictivos. En el parque Samanes podría funcionar una gran escuela de box y artes marciales, igual en el parque Forestal, que concentraría a la inmensa población del sur. Pudieran instalarse esas escuelas en las casas comunales, así no se paga arriendo. La Junta de Beneficencia de Guayaquil ha suscrito un convenio con el club Atlético de Madrid para apoyar a jóvenes deportistas. Sus frutos se verán con el tiempo. En la Junta no hay divos.

Finalmente: el Estado central transfirió la propiedad del parque Samanes al Municipio de Guayaquil y no le transfirió dinero para su operación. Me parece que la relación debería replantearse: el municipio pudiera quedarse con el usufructo, que es un título estable, por largo tiempo y lograr que una parte del dinero que se destinaba al parque se transfiera anualmente al municipio. En esta gestión hay que volar, pues ese dinero, posiblemente, en parte, tenga destino burocrático y no deportivo. (O)