Los recuerdos de padres y abuelos amorosos son un refugio, especialmente cuando la vida se pone patas arriba. En sociedades como la latinoamericana, la figura paterna se asocia a la autoridad, la jefatura de hogar y la protección. Sin embargo, estudios como los de Sonia Montecino en su libro titulado Madres y huachos: alegorías del mestizaje chileno, muestran los matices con los que se construyó la paternidad.
El cuestionamiento más importante de Montecino es la ausencia de padres que se responsabilicen realmente por sus hijos. Y aquello se confirma en la gran cantidad de familias que tienen jefatura femenina en sus hogares. A quienes no tienen padre Montecino los llama huachos, o huérfanos. En nuestro entorno, en el kichwa unificado se dice wakcha.
En esta semana, en el santoral católico, se celebrará a san José como la figura referencial de la paternidad. José acogió a María embarazada y actuó como padre terrenal de Jesús. El estudio de Rotin Plotnik, titulado The ‘parental voice’: how the infant-toddler (zero to three years) education system should deal with parents, devela que la llegada de una hija o un hijo afectará a los hombres en su “yo privado”, “yo profesional” y “yo paternal”.
¿Cómo cada hombre vive la paternidad? No hay respuesta única, pues cada experiencia tendrá una dimensión concreta y un trasfondo psicológico, en ese último se asentarán los recuerdos de las experiencias previas, es decir, de cómo fue su crianza y el rol que tuvo su propio padre en él. Sin embargo, la sociedad quiere que todos sean buenos padres.
Pero ¿qué es ser un buen padre? Seguramente esa pregunta se harán muchos todos los días. Y no hay una receta, particularmente en una sociedad como la actual donde el consumismo confunde los afectos. Y a veces la figura paterna es apreciada solo por el aporte económico y no por la responsabilidad emocional en la vida de la familia.
De ahí que la paternidad esté profundamente marcada por los contextos sociales como lo describe Lara McKenzie en su estudio Parenthood: Beyond Maternity and Paternity, quien anima a los estudiosos a analizar cómo la paternidad está anclada en los lazos de parentesco. Y aquello es relevante en los momentos actuales, en los que las redes de cuidado no están exclusivamente en las figuras maternas y paternas.
¿Cuántos de ustedes delegan el cuidado a familiares o a servicios de guardería? En la zona urbana y rural ecuatoriana hay diversos matices. Algunas generaciones ya son hijos de guarderías, otros se criaron bajo el cobijo de abuelos y familiares. ¿Entonces dónde empieza y termina la paternidad?
Los estudios confluyen en que es un campo poco explorado y altamente prejuiciado por miradas binarias, que se olvidan de los diversos recursos para la crianza de hijos. Y sobre todo de las demandas actuales donde las figuras paternas y maternas tienen que mediar entre las actividades productivas, sociales y las responsabilidades familiares.
En la tradición católica se anima a las familias a ser padres responsables. Si cada padre se responsabilizara por la vida de sus hijos e hijas tendríamos sociedades más seguras, más éticas y más felices. ¡Que vivan los Josés! (O)













