Venturoso año 2025, con fe y optimismo en el Ecuador, en medio de grandes desafíos debido a los problemas actuales. Para ello cada ciudadano tiene que aportar para construir un mejor país y no solo mirar y criticar a los políticos, aunque sean los principales responsables de la crisis, como los únicos llamados a cambiar las cosas.
Ellos son los mandantes de un pueblo que muchas veces elige mal, equivocados u obnubilados y enceguecidos otros, que no razonan ni reflexionan al ejercer su voto en las urnas y ponen en juego y en peligro el futuro del país.
Imagínense si en Ecuador ganase el movimiento que se identifica con el fracasado socialismo del siglo 21, que admira a la revolución bolivariana que encarna la dictadura de Venezuela o a la revolución cubana o el similar régimen oprobioso de Nicaragua. Regímenes que tienen sumidos en la pobreza y la miseria a sus pueblos, sin democracia ni futuro promisorio, conculcados sus libertades.
Ese es el resultado de las dictaduras de más 24 años en el poder en Venezuela, los 64 años en Cuba o los 17 años en Nicaragua, sin prosperidad ni mejoramiento de vida de sus ciudadanos. Eso explica la huida de millones de personas.
Ese escenario sería el acabose para lo poco que queda de la institucionalidad, el fin de la dolarización y la vuelta a una moneda local o como los mismos actores anunciaran en el pasado la emisión de ecuadólares. Incluso con los votos y la complicidad de quienes no quisieran perder la dolarización porque pasarían a vivir como en Venezuela, con un salario mensual o pensiones de 5, 10 o 20 dólares.
Querrán vivir eso, aunque luego para justificar la crisis les hagan gritar que el culpable es el imperio y los bloqueos, pero será demasiado tarde.
El país debe cambiar y combatir la corrupción con mayor firmeza, cero tolerancia e impunidad, que no solo cometen los políticos. Hay actores, de los sectores público y privado, que entran en esta práctica que corroe al sistema democrático.
El Ecuador está inmerso en un proceso electoral y la campaña está próxima a empezar, el 5 de enero próximo, que obliga a exigir a los organismos estatales un riguroso control, especialmente el financiamiento de la campaña y los enormes recursos, no contabilizados y en efectivo, que se gastan indiscriminadamente, muchos de ellos que se presume son financiados con dineros calientes de actividades ilegales (delincuencia organizada, narcotráfico, minería ilegal).
Quién controla a actores que no tienen derechos políticos, por decisiones judiciales y sentencias condenatorias, y que no pueden intervenir en los procesos electorales ni en la vida interna, pero que no cesan de hacerlo aquí o desde el exterior, con la anuencia de las autoridades pese a las expresas prohibiciones.
En manos de los ecuatorianos está el futuro del país, que reflexionen a tiempo y ejerzan un voto libre pero responsable, sin caer atrapados en los engaños de los demagogos y populistas, que no han podido solucionar los problemas del país y que no proponen concretamente cómo van a solucionar los principales problemas que se viven: inseguridad ciudadana, crisis eléctrica, el empleo, la seguridad social, la educación, la salud, los problemas del agro, la corrupción, entre otros. (O)