La doctrina Trump en política exterior es dar golpes de efecto, y generar caos. Su frágil ego lo ha vuelto mucho más vano en sus ambiciones: de querer dominar las portadas y noticiarios estadounidenses en su primer periodo; su ambición ahora es lograr lo mismo en todos los países del planeta. Y por desgracia, el planeta le está dando exactamente lo que quiere, excepto China, por supuesto, que ha sido el único país en hacerle jugadas maestras sin hacer un solo pronunciamiento. Una verdadera clase de política exterior estratégica como en los mejores tiempos de Von Metternich o Dean Acheson, el arquitecto del orden internacional, al que Trump le está dando el golpe de gracia. Primera jugada: en noviembre, hizo un acuerdo con Arabia Saudita para emitir bonos soberanos en dólares estadounidenses –efectiva competencia con la Reserva Federal– y tuvo excelente acogida. Segundo: restringió la venta de minerales estratégicos para la transición energética (China controla alrededor del 90 % de la producción mundial). Y finalmente, hace una semana promovió la distribución global de DeepSeek, el más efectivo motor de inteligencia artificial con código abierto, mutilando el valor de las acciones de la mayoría de empresas estadounidenses dedicadas al más ambicioso desarrollo tecnológico de la última década. Tres movimientos que dejaron en suspenso cualquier reacción acelerada de Trump, porque ahora sus financistas principales –con Elon Musk a la cabeza– arriesgan perder significativamente si es que golpean a un país que es su principal competencia tecnológica, pero también su principal proveedor.

El mundo a lo Trump

Democracia del TikTok

El resto de países están divididos entre asustados y entusiastas. Aranceles del 25 % anunciados contra México y Canadá ya han hecho que sus líderes doblen sus rodillas como nunca antes. Similar humillación vivió Petro cuando se negó a aceptar aviones militares con migrantes. Ecuador, por supuesto, está entre los entusiastas, en parte por su clase política y económica (ahora una sola) cree que la cercanía social del presidente Daniel Noboa a personajes de la administración y el hecho de que el secretario de Estado, Marco Rubio, nombró al Ecuador en su audiencia de nominación significará un tratamiento diferente. Puede que sea así, pero no en lo que muchos auguran: un tratado de libre comercio. No habrá ningún TLC nuevo en esta administración. Lo que seguramente está asegurado es cooperación militar y estratégica contra el crimen organizado porque la administración Trump acaba de suspender y en muchos casos terminar definitivamente la asistencia internacional de la Usaid en todo el mundo, incluido el Ecuador, mientras reestructura la organización y todos los programas asociados. Lo que emergerá de esa reestructuración será mucho más palo que zanahoria. Puede que queden los programas de salud y alguno de migración (ojalá que misión ecuatoriana pueda negociar esto pronto), lo demás se reorganizará alrededor de un solo programa –por ahora se llama ClearChoice– para aquellos países dispuestos a disociarse de China, destinado a competir y con suerte, destruir a la Ruta de la Seda. Buena suerte tratando de generar aliados con una estrategia tan cruel y abrupta. Pero esa fue la idea desde el principio. (O)